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<title>Blog de la Salud con el profesor Cristobal Pera</title>
<link>http://www.bloglandia.com/salud/</link>
<description>El profesor Cristobal Pera opina sobre temas relaccionados con la salud y una vida saludable</description>
<language>EN</language>
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<title><![CDATA[La salud emerge en el cuerpo activo y bien nutrido ]]></title>
<description><![CDATA[<img alt="Corredores" hspace="5" src="/salud/images/corredores.jpg" align="left" border="0" /><p align="right">“<i>Ciertos animales son sedentarios.<br />Otros se desplazan.<br />Los animales sedentarios<br />se encuentran en el agua,<br />pero ningún animal de tierra<br />es sedentario</i>”<br />(Aristóteles.<br /><i>Investigación sobre los animales</i>) </p><p align="right">“<i>La inactividad física<br />es un importante factor de riesgo<br />para el desarrollo de <br />la enfermedad coronaria”</i>.<br />(American Heart Association) </p><p align="justify">Semana a semana, este espacio virtual (<i>bloglandia.com/salud</i>) acoge una reflexión, a modo de <i>ensayo mínimo</i>, acerca de <i>la salud y el bienestar del cuerpo</i>, motivado por una noticia fiable y relevante, analizada previamente en las páginas de <i>Saludlandia.com</i>. </p><p align="justify">La reflexión de esta semana no se construye sobre una noticia singular, sino sobre la comprobación de que la mayoría de los breves textos sobre <strong><i>la salud y el bienestar del cuerpo</i></strong>, desplegados en las páginas virtuales de <i>Saludandia.com</i>, cuya prioridad es todo aquello que importa a la <strong><i>prevención de la enfermedad</i></strong> y a la <strong><i>conservación del</i> <i>estado de salud</i></strong>, gira alrededor de las que son dos exigencias básicas para alcanzar dicho objetivo: <strong>la <i>actividad física</i> y la <i>nutrición </i>más apropiadas. </strong></p><p align="justify">En primer lugar, el presupuesto fundamental es la concepción de la <i>salud</i>, tal como fue definida por la OMS, como “un estado de completo <i>bienestar físico, mental y social</i>, y no simplemente la ausencia de enfermedad”. </p><p align="justify">En segundo lugar, la <i>actividad física</i> del cuerpo humano (el <i>cuerpo humano activo</i>) considerado como una <i>fábrica</i>, en tanto que construcción arquitectónica de naturaleza biológica, que actúa y <i>se pone en movimiento</i>, de modo voluntario y disciplinado (no ya como reacción a una acción exterior) mediante acciones coordinadas de su <i>aparato locomotor</i>, un sistema funcional constituido por huesos, articulaciones y músculos, controlado por el <i>sistema nervioso</i>. </p><p align="justify">Cuando se habla, sin más, de <strong><i>actividad física</i></strong> del cuerpo humano se hace referencia a toda la energía que éste consume al moverse en el espacio en el que habita y en los espacios en los que desenvuelve su diario vivir: cuidar el propio cuerpo, hacer las tareas del hogar, caminar, subir escaleras, ir y volver del lugar de trabajo y trabajar. El cuerpo humano que puede realizar esta <i>actividad física</i> sin ayudas se considera un <i>cuerpo capaz</i>, mientras que el no puede realizarlas, en mayor o menor grado, se define como un <i>cuerpo incapacitado</i>. </p><p align="justify">En una progresión de la <i>actividad física</i> se suele denominar <strong><i>ejercicio físico</i></strong> al conjunto de movimientos corporales que se realizan de manera regular y disciplinada para mantener o mejorar la <i>forma física</i>, una situación corporal dinámica, básica para alcanzar el <i>triple</i> <i>bienestar, físico, mental y social</i>, como, por ejemplo: caminar diariamente, a paso vivo, durante 30 minutos, al menos 5 días a la semana o correr un mínimo de 20 minutos 3 veces a la semana, o realizar sesiones de gimnasia contra resistencia, apropiadas para la edad biológica, 2 días a la semana (recomendaciones del <i>Centro de Control y Prevención de Enfermedades </i>de los EEUU –CDC-). </p><p align="justify">El siguiente paso en la movilización del cuerpo es el <strong><i>deporte</i></strong>, entendido como la “<i>actividad física </i>ejercida como juego o competición, cuya práctica supone entrenamiento y sujeción a normas” (Diccionario de la RAE), aunque también, en una segunda acepción, este diccionario, lo define como “recreación, pasatiempo, placer, diversión o ejercicio físico, por lo común al aire libre”. </p><p align="justify">El resultado obtenido según el nivel de <i>actividad física</i> aplicado (en el que se combinan la <i>frecuencia</i>, la <i>intensidad </i>y el <i>tiempo</i>) es la <strong><i>forma física</i></strong>, en la cual intervienen, sobre todo en el <i>deporte de competición</i>, factores genéticos. </p><p align="justify">Es indudable que la atención prestada al <strong>mantenimiento de una <i>actividad física regular</i> tiene influencias beneficiosas sobre el <i>estado de salud </i>a través de la <i>prevención</i> de enfermedades crónicas</strong> que acentúan el <i>deterioro ineludible del cuerpo humano </i>y acortan su longevidad (hipertensión arterial, enfermedad coronaria, ictus, obesidad, diabetes, cáncer) al tiempo que fortalece al <i>sistema locomotor</i> (huesos, músculos y articulaciones), sostiene y mejora el <i>estado de ánimo</i> e incluso retrasa el deterioro de la <i>capacidad cognitiva</i> en la vejez. </p><p align="justify">En tercer lugar, la <strong><i>nutrición</i></strong> (palabra derivada del verbo latino <i>nutrio</i>, <i>nutrire</i>, con los significados de “criar o alimentar, hacer crecer, conservar y sostener”), que se define como una muy compleja función cuyo propósito es captar, primero, y asimilar, después, mediante las necesarias transformaciones químicas de los productos captados (transformaciones que se incluyen en el complejo proceso del <i>metabolismo orgánico</i>) los materiales necesarios para la construcción, el mantenimiento y la reconstrucción de los tejidos, denominados <i>nutrientes</i>, actividades que conllevan un <i>gasto de energía</i>, utilizada por las células para sus actividades electroquímicas, mecánicas y de síntesis. Las etapas básicas y sucesivas de la <i>nutrición</i> se denominan <i>digestión</i>, <i>absorción</i>, <i>asimilación</i> y <i>excreción.</i> </p><p align="justify">Mantener con autodisciplina la apropiada <i>actividad física</i> del cuerpo, huyendo de la<i> vida sedentaria</i>, combinada con una <i>dieta </i>que haga posible la <i>nutrición</i> equilibrada, como la <strong><i><a href="http://www.foodlandia.com/dieta-mediterranea-reduce-mortalidad-517.html" target="_blank">dieta mediterránea,</a></i></strong> es una decisión muy saludable en todas las edades de la vida y, sobre todo, a partir de los 50 años, cuando, con mayor o menor intensidad según cada historia personal, se acelera el proceso natural del <i>deterioro </i>del cuerpo, por el uso, e incluso el abuso, de su <i>fábrica biológica</i>. Los resultados de recientes investigaciones epidemiológicas realizadas en los Estados Unidos han proporcionado más argumentos a favor de la <i>dieta mediterránea</i>, al comprobarse sus beneficiosos efectos sobre la <i>mortalidad</i> debida a las <i>enfermedades cardiovasculares</i>, al <i>cáncer</i>, y a todas las causas. </p><p align="justify">Lo que distingue a la <strong><i>cultura de la salud</i></strong> es su preocupación por aquellos problemas que afectan negativamente al <strong><i>triple bienestar, el físico, el mental y el social</i></strong>, a la buena salud, y que no son la enfermedad, pero que pueden condicionarla: entre ellos destacan el grado de <i>actividad física</i> y la calidad de la <i>nutrición</i>. </p><p align="justify"><strong><i>Salud</i></strong><strong>, <i>actividad física</i> y <i>nutrición</i></strong>, tres palabras claves que encierran, a su vez, tres conceptos también claves dentro de cualquier apuesta por la <i>cultura de la salud</i>, tres palabras engarzadas en un triángulo esencial, como representación simbólica de las complejas y beneficiosas interacciones entre sus tres vértices, ya que, al fin y al cabo, como dejó escrito el médico francés F.X. Bichat (1771-1802), “<i>es la actividad coordinada de todas las funciones del cuerpo la que</i> <i>resiste a la muerte</i>”. </p> ]]></description>
<date>5/12/2008</date>
<time>8:27:00 AM</time>
<link><![CDATA[ http://www.bloglandia.com/salud/?view=plink&id=240 ]]></link>
<id>240</id></item>
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<title><![CDATA[¿Locura o maldad en Amstetten? ]]></title>
<description><![CDATA[<img alt="Marqués de Sade / Dalí" hspace="5" src="/salud/images/dalisade.jpg" align="left" border="0" /><p align="right">“<i>Horror: Sentimiento intenso<br />causado por algo<br />terrible y espantoso</i>.”<br />(Diccionario de la RAE) </p><p align="right">“<i>Lo que es excitante<br />es lo que está prohibido<br />por la moral dominante</i>”<br />(Alain Robbe-Grillet) </p><p align="justify">Durante la última semana del mes de Abril, las noticias acerca de los recién descubiertos horrores perpetrados por un ciudadano austriaco, Josef Fritzl de 73 años, en un sótano de su casa, en la pequeña ciudad de Amstetten, han ocupado lugar muy preferente en los titulares de la prensa de todo el mundo, impresa y digital. A lo largo de 24 años, su hija Elisabeth, de la que dijo que había sido secuestrada por una secta, malvivió encerrada bajo tierra, en un espacio mínimo y tenebroso, sometida a la violencia de repetidas violaciones y al dolor y al riesgo de hasta seis partos, violencia coercitiva prolongada en los hijos/nietos nacidos de esta relación incestuosa. <strong>Una historia horrenda de abuso de poder</strong>, violencia física y sexual, desprecio del tabú del incesto y flagrante ruptura del orden establecido, familiar y social. </p><p align="justify">El ya mediático rostro del tal Fritzl, con puntiagudas cejas sobre unos ojos claros, y con la hortera coquetería de su escaso y empinado cabello y el fino bigote que amplía su delgado labio superior, parece interrogar a los lectores con mirada fría y arrogante: <strong>¿soy un loco o un malvado?</strong> </p><p align="justify">A las personas que se comportan de manera especialmente extraña e incómoda para la convivencia, sea en el espacio familiar o social, conductas percibidas por los otros cuerpos humanos no tan sólo como disparatadas, sino incluso como inaceptables por peligrosas, se les ha calificado en tiempos no lejanos como víctimas de la <i>locura </i>(madness, folie, narrheit) y, en el nuestro, como víctimas de una <i>enfermedad mental</i> que para su diagnóstico debe ser descrita, de manera sistemática y exhaustiva, mediante un consensuado lenguaje internacional (Pera, C. <i>Pensar desde el cuerpo. Ensayo sobre la corporeidad humana</i>, Ed. Triacastela, 2006). </p><p align="justify">Sin embargo, <strong>dar un nombre a la aberración</strong> de este ser humano, asiento de una mente profundamente extraviada, causante de esta historia de horrores en cadena, que vive en apariencia una vida “normal” entre sus conciudadanos, no es cosa fácil. La prueba está en que, cuando tras la inmediata aparición de los llamativos titulares, la prensa escrita y <i>digital</i> recoge con premura la opinión de sus expertos, las opiniones difieren de forma significativa. </p><p align="justify">Así, por ejemplo, uno de ellos afirma taxativamente en el titular de su breve y bien construida respuesta: “No hay enfermedad” (<i>El País</i>, Alberto Fernández Liria, 30/04/2008). El argumento es que <strong>“no hay enfermedad a la que atribuir un comportamiento así”</strong>, es decir, que se encuentre incluida en la <i>nosografía</i> o listado de las <i>enfermedades mentales</i>, actualmente en vigor. Pero en el trasfondo de su argumentación hay, desde su perspectiva, un motivo que especialmente le preocupa: el <strong>riesgo de “asociar, una vez más, y por un motivo falso, la enfermedad mental grave con la violencia”. </strong></p><p align="justify">En su opinión, <strong>Josef Fritzl es un <i>malvado</i>, no un <i>enfermo mental</i></strong>, ya que estaría en posesión de una “capacidad de manejo certerísima de la realidad”. Es cierto que el <i>esquizofrénico</i> que se paseaba no hace mucho por las calles de su ciudad con la cabeza recién cortada de su madre en sus manos ensangrentadas, andaba profundamente desorientado psíquicamente, mientras que el <i>malvado </i>austriaco ha intentado, a lo largo de 24 años, separar su vida en dos espacios: el superior -<i>lo visible</i>- en el que representaba con su familia lo socialmente admisible, y el inferior -<i>lo oculto</i>, “a puerta cerrada”- en el que ha llevado a la práctica, con violencia y crueldad, sin ningún tipo de contención psicológica y moral, las fantasías transgresoras generadas por su depravada <i>mente</i>. </p><p align="justify">Al calificar de <i>malvado</i> al causante de estos horrores y negar la existencia en él de una <i>enfermedad</i> (en realidad, un <i>trueque semántico</i>) pone de manifiesto su principal preocupación ideológica que es el riesgo de “ver enfermos mentales donde sólo hay malvados”, aunque sea a costa de dejar en el aíre una pregunta sin respuesta precisa que sea “pensada desde el cuerpo”: ¿qué tipo de trastorno cerebral/mental, como probable consecuencia de una desgraciada conjunción de factores genéticos, ambientales y de su historia personal, ha condicionado un extravío tan monstruoso del comportamiento social? </p><p align="justify">Otro de los expertos requeridos por la prensa, con una reflexión más extensa y retórica (<i>El Mundo</i>, Enrique Rojas, 1/5/2008), también es tajante en su titular, aunque en un sentido opuesto: “Josef Fritzl es un manual de psiquiatría andante”. “<strong>¿Se trata de un enfermo?</strong> -se pregunta- y su respuesta es: “rotundamente sí. Sólo un enfermo con una patología grave puede tener una conducta así”. Para, más adelante, afirmar con una frase memética:<strong> “Fritzl es un psicópata de libro… con un atroz trastorno de la personalidad”.</strong> </p><p align="justify">Más allá de las dificultades semánticas, conceptuales e ideológicas que surgen a la hora de calificar al individuo causante de tanto horror, no cabe duda de que Josef Fritzl es un ser humano que cabría incluir, sin duda, dentro de “los anormales” (Foucault M., <i>Les Anormaux</i>, Gallimard, 1999), en este caso <strong>un <i>monstruo social</i>,</strong> entendido éste como “una extrema desmesura que afecta gravemente a sus comportamientos sociales, una desmesura ética calificada como maldad o perversidad”. Y es que la expansión semántica de las palabras <i>monstruo</i>, <i>monstruoso</i> y <i>monstruosidad </i>se ha trasladado progresivamente desde el ámbito corporal al ámbito de los <i>comportamientos humanos,</i> en los dominios de la sociología y de la ética. Fue a finales del siglo XIX y principios del XX cuando lo <i>monstruoso</i> entró en el campo de la conducta humana, y a los hombres y a las mujeres de los que se pensaba que habían acumulado en sus comportamientos con los demás un grado elevado de <i>maldad </i>se les aplicaba, como metáfora, el calificativo de <i>monstruos morales</i> (Pera. C.<i> ¿Qué hacemos con los monstruos? </i>Conferencia en “Monstruos e Exclusión Social”, Asociación Galega de Saúde Mental, Santiago de Compostela, 26 de Noviembre, 2007). </p><p align="justify">Cuando emerge de improviso en una comunidad un <i>monstruo moral</i> el problema que plantea su abominable presencia gira, en última instancia, alrededor de la pregunta clave que, a lo largo de la historia, se han planteado los seres humanos “normales” ante la presencia, fascinante y tremenda, de los cuerpos y de las mentes monstruosas. Esa pregunta, formulada tanto individual como colectivamente, ha sido y es: ¿qué hacemos con los <i>monstruos</i>? y, en este caso, ¿qué hacemos con los monstruos <i>morales</i>? sobre todo con aquellos de los que se dice que no son <i>enfermos mentales</i>. </p><p align="justify">¿Cuáles son los límites entre ambos? ¿Acaso no padecen también estos <i>monstruos morales</i> una especie de <i>enfermedad</i>, entendida, en estos casos, como “una pasión dañosa o alteración en lo moral o espiritual” (Diccionario de la RAE), una metafórica “enfermedad del alma” incubada lentamente en la interacción entre la propia <i>corporeidad </i>y su <i>entorno vital</i>, aunque se ignore el asiento de sus huellas biológicas? </p><p align="justify"><strong>Una “enfermedad del alma” que convierte al ser humano en un <i>desalmado</i></strong>, capaz de concebir y ejecutar minuciosamente, día a día, <strong>una estrategia perversa dirigida a generar, en su espacio más íntimo, el <i>mal</i> y el <i>horror</i> más absolutos.</strong> </p> ]]></description>
<date>5/5/2008</date>
<time>8:21:00 AM</time>
<link><![CDATA[ http://www.bloglandia.com/salud/?view=plink&id=239 ]]></link>
<id>239</id></item>
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<title><![CDATA[En los seres humanos, la dieta de la madre al concebir puede influir en el sexo fetal  ]]></title>
<description><![CDATA[<p align="right"><img alt="Fecundación" hspace="5" src="/salud/images/fecundacion.jpg" align="left" border="0" />“Todo lo que existe en el Universo<br />es el fruto del azar y la necesidad<br />(Jacques Monod, 1970,<br />citando a Demócrito) </p><p align="right">“La Sociobiología examina<br />la base biológica<br />del comportamiento social<br />en todo tipo<br />de organismos”<br />(Edward .O. Wilson) </p><p align="justify">Un artículo publicado en el número de Abril de este año en una prestigiosa revista científica, los <i>Proceedings of the Royal Society of Biological Sciences</i>, ha tenido una repercusión en los titulares de la prensa diaria que podría calificarse de global. La conclusión de un exigente estudio epidemiológico, realizado en una población de madres británicas en las universidades de Exeter y Oxford, es que <strong>el <i>sexo fetal</i> se asocia con las características de la <i>dieta</i> consumida por la madre inmediatamente antes y después del momento en el que ocurre la <i>concepción</i></strong>, cuando un espermatozoide fertiliza el óvulo: mientras más rica en calorías es la dieta (y de modo especial cuando consume cereales en el desayuno) mayor es la probabilidad de que conciba un feto del sexo masculino. Como consecuencia de este hallazgo, los autores opinan que serían las dietas bajas en calorías, predominantes hoy en las mujeres jóvenes de los países industrializados, las que explicarían el lento declive del número de nacimientos de hijos varones. </p><p align="justify">Este hallazgo puede leerse, sin duda, como un argumento a favor de la <strong>influencia de los <i>fundamentos biológicos</i> en los comportamientos humanos</strong>, en el contexto de la <i>biología evolutiva</i>, enraizada en la <i>evolución darwiniana</i> y, también, de la controvertida <i>sociobiología</i>, tal como la definiera, en 1975, el zoólogo y entomólogo norteamericano Edward O. Wilson; una disciplina, a caballo entre la <i>antropología</i>, las <i>ciencias de la vida </i>y la <i>sociología</i>, que estudia la interacción entre los sistemas biológicos y la evolución de los comportamientos sociales, así cómo y hasta qué punto, estas conductas sociales están inscritas en los <i>genes</i>, incluso en la especie humana (Wilson, E.O. <i>Sociobiology: The New Synthesis,</i> 25 Anniversary Edition, Harvard University Press, 2000). </p><p align="justify">Una de las áreas más activas de la <strong><i>sociobiología</i></strong> es la que estudia en los mamíferos no humanos las bases biológicas de la proporción entre machos y hembras en las crías, entendidas como el “conjunto de hijos que tienen de un parto los animales”. De las hipótesis que han tratado de dar respuesta a esta pregunta, la más conocida y controvertida es la propuesta publicada en la revista <i>Science</i>, en el año 1973, por dos científicos de Harvard, el sociobiólogo Robert. L. Trivers y el matemático Dan Willard. </p><p align="justify">La <i>hipótesis Trivers-Willard</i> sugiere que la <i>condición fisiológica de la madre </i>influye en el <i>sexo de sus crías</i>: las madres cuya condición fisiológica es buena, porque viven en territorios con amplios recursos alimentarios, gestarían más crías machos, mientras que las madres cuya condición fisiológica es deficiente, porque viven en territorios escasos de alimentos, tendrían más crías hembras. </p><p align="justify">Esta teoría, desde la perspectiva de la <i>biología evolutiva</i>, predice que las madres con diferentes <i>condiciones fisiológicas</i> ajustan biológicamente en sus gestaciones la proporción de crías macho/hembra (“sex ratio” o cociente entre ambos sexos en la descendencia) en relación con los futuros beneficios reproductivos de la manada en el entorno en que vive: si el entorno es favorable, con alimentos abundantes, que permiten a las madres mantener una buena <i>condición fisiológica</i>, predominarán los machos en las crías, ya que éstos pueden reproducirse más (al inseminar más hembras y tener más descendencia), pero si el entorno es pobre en recursos, y la <i>condición fisiológica</i> de la madre es deficiente, las crías serán hembras, en su mayoría. </p><p align="justify">La aplicación de la <i>hipótesis Trivers-Willard</i> a los seres humanos ha sido y es controvertida, por razones teóricas, empíricas e incluso ideológicas. La neozelandesa Elissa Cameron, una <i>bióloga evolutiva</i>, que ha trabajado en Australia y África del Sur, actualmente en la Universidad de Nevada, en Reno, ha contribuido recientemente al análisis de la <i>hipótesis Trivers-Willard</i> mediante el análisis de unos 1.000 estudios que la habían sometido a comprobación experimental. En su revisión (<i>Proceedings of the Royal Society of London</i>, 2004) encontró que en el 34% de los estudios publicados había datos que favorecían la <i>hipótesis de Trivers-Willard</i>, en el 8,5% los datos no la favorecen, mientras que en el resto no encuentra pruebas ni a favor ni en contra. </p><p align="justify">En un estudio previo a esta revisión, realizado por la propia Elissa Cameron en Australia con caballos salvajes, llegó a la conclusión de que la <i>condición física de la madre</i> cuando se produce la <i>concepción </i>se asocia, de manera significativa, con el nacimiento de un macho o de una hembra. En su opinión, la grasa corporal y la dieta podrían afectar a los niveles de <i>glucosa </i>circulante en la madre, por lo que sugirió que estos niveles de <i>glucosa</i>, en el momento de la concepción, podrían influir en el <i>sexo</i> del animal concebido, de modo que un exceso de <i>glucosa </i>favorecería el <i>sexo masculino</i>. </p><p align="justify">Trabajando en la Universidad de Pretoria, en Africa del Sur, Cameron se propuso probar mediante experiencias en el ratón, la teoría de la influencia de la dieta materna en el sexo de las crías. El método experimental utilizado fue añadir <i>dexametasona</i>, que disminuye los niveles de <i>glucosa</i> en la sangre, al agua que debían beber 20 ratones hembras, utilizando otras tantas hembras que no beberían esta agua como controles. Durante tres días introdujeron en las jaulas ratones machos para que copularan con las hembras con el siguiente resultado: las hembras con niveles bajos de <i>glucosa</i> en sangre, porque habían bebido agua con <i>dexametasona</i>, dieron a luz camadas con un 42% de machos, en comparación con las hembras que no la habían bebido, con niveles elevados de glucosa en sangre, con un 52% de machos en sus camadas. </p><p align="justify">Es decir que, bajo ciertas condiciones, la selección natural darwiniana favorecería desviaciones, en uno y otro sentido, de la que se considera como típica división del sexo de las crías, mitad hembras, mitad machos, al <strong>favorecer el sexo que mejor se reproduce en pobres condiciones físicas, que es el femenino</strong>, ya que las madres aún en débil condición fisiológica pueden encontrar algún macho que las insemine, mientras que a los machos debilitados les resulta más difícil encontrar una hembra con la que aparearse. </p><p align="justify"><i>&quot;¿Deseas un niño? Toma cereales en el desayuno” </i>es el título de un comentario de la revista <i>ScienceNOW Daily News </i>del 23 de Abril del 2008, donde se analizan los hallazgos de los investigadores de Exeter y Oxford y sus relaciones con la <i>hipótesis sociobiológica de Trivers y Willard</i>, en el que, aún aceptando que estos resultados son los primeros que aparecen como convincentes a favor de dicha hipótesis, sin embargo no parece claro que la nutrición de la madre sea la causa más determinante del progresivo declive en el número de niños en los países desarrollados, ya que es probable que coexista con otros factores que también han sido implicados, como la contaminación ambiental. </p><p align="justify">Sea como sea, lo que no puede olvidarse es la insondable complejidad del indudable trasfondo biológico de los comportamientos humanos, por lo que, ante hallazgos parciales, aunque relevantes desde el punto de vista de la <i>sociobiología,</i> debe evitarse caer en toda tentación excesivamente <i>reduccionista</i>, entendida aquí como una simplificación excesiva de lo que, de suyo, es muy complicado. </p> ]]></description>
<date>4/28/2008</date>
<time>8:45:00 AM</time>
<link><![CDATA[ http://www.bloglandia.com/salud/?view=plink&id=238 ]]></link>
<id>238</id></item>
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<title><![CDATA[Difícil le será al médico pensar sobre su paciente si el encuentro entre ambos ha sido un diálogo de sordos ]]></title>
<description><![CDATA[<img alt="Goya y Arrieta" hspace="5" src="/salud/images/goyaarrieta.jpg" align="left" border="0" /><p align="right">“<i>Diálogo de sordos</i>:<br />Conversación en la que<br />los interlocutores<br />no se prestan atención“.<br />(Diccionario de la RAE). </p><p align="justify"><strong><i>How Doctors Think </i></strong><i>(“Cómo piensan los médicos”)</i> es el título de un libro del Dr. Jerome Groopman, profesor de la <i>Harvard Medical School</i>, jefe de Medicina experimental en el B<i>eth Israel Deaconess Medical Center</i>, en Boston, y miembro del staff del <i>The New Yorker</i>, en el que trata de hallar respuestas a la directa y compleja pregunta de su portada. Publicada en los Estados Unidos en el mes de Marzo del 2007 por la <i>Houghton Mifflin Co.</i>, esta obra es una reflexión <strong>“acerca de lo que pasa por la mente del médico cuando trata a un paciente”</strong>, y de <strong>“cómo debería pensar un médico”</strong>, que se colocó, en poco tiempo, en la lista de los diez libros más vendidos, en la categoría de no ficción. </p><p align="justify">En el mes de Marzo de este año acaba de aparecer una traducción al castellano bajo el título “<strong>¿<i>Me está escuchando, doctor? Un viaje por la mente de los médicos</i></strong>.” (RBA Libros, Barcelona). Una versión que se lee con fluidez (aunque con algunas palabras y expresiones extraviadas como “sinovio”, “ronda” y “de carne y hueso”) y con un título que pone el acento en la muy frecuente <strong><i>incomunicación verbal</i> entre el médico y su paciente como causa de los <i>errores médicos</i>.</strong> </p><p align="justify">Porque es éste inicial “diálogo de sordos” el que condiciona, sin duda, que en el <i>proceso cognitivo</i> que pone en marcha el médico en su mente, cuanto se sienta frente al paciente con su problema, se produzcan fallos que se traducen en errores diagnósticos y en decisiones terapéuticas incorrectas. Durante ese <i>pensar acerca del paciente</i>, el médico ha de procesar toda la información que haya podido obtener (en escasos minutos en una situación de urgencia vital) para sintetizarla en un <i>diagnóstico</i> que sirva de fundamento a su <i>decisión terapéutica</i>. </p><p align="justify">El libro de Jerome Groopman, que consta de una introducción, diez capítulos y un breve epílogo, no sólo relata historias de errores diagnósticos , sino que analiza en cada caso el <i>proceso cognitivo</i> que condicionó el error en los médicos, de distintas especialidades (médicos de asistencia primaria, internistas, gastroenterólogos, pediatras, cirujanos, cardiólogos, radiólogos), que fueron sus protagonistas, entre ellos el propio autor como médico y, también, como paciente. En la mayoría de las historias los <i>errores </i>ocurrieron en <i>situaciones de urgencia</i>, en las que se acentúa la presencia de la <i>incertidumbre</i> como ingrediente de la mayoría de indagaciones médicas. Porque, como recuerda Groopman, en la introducción de su libro, “<i>la Medicina es, en su núcleo básico, una ciencia incierta”</i>, en cuya práctica, con bastante frecuencia, las <i>decisiones</i>, que pueden ser vitales para el paciente, han de ser tomadas en circunstancias apremiantes, con una mayor <i>incerteza</i>, dado que la información disponible es muy limitada y, a veces, contradictoria. </p><p align="justify">A lo largo de los capítulos en los que se cuentan historias de errores, Groopman va analizando los <i>métodos cognitivos</i> a los que recurren los médicos para desbrozar el camino que les conduzca hasta el diagnóstico: </p><p align="justify">Por una parte, el <strong><i>método heurístico</i></strong>, definido genéricamente como “una técnica de indagación y descubrimiento, que busca la solución de un problema mediante métodos no rigurosos, por tanteos y reglas empíricas” (Diccionario de la RAE). Con este <i>método cognitivo</i> el médico trata de descubrir, mediante preguntas y respuestas, atajos por donde acortar el camino que le lleve hacia un objetivo previamente definido que es el diagnóstico del problema por el que pide ayuda el paciente y el tratamiento más apropiado. </p><p align="justify">Por otra, el médico dispone también del <strong><i>método cognitivo</i></strong> que busca <i>reconocer en el problema del paciente un modelo típico de padecimiento</i> que se hace aparente al médico en la <i>primera impresión</i> que le produce el paciente al relatar su historia, en la que se incluye el lenguaje corporal con que la dice. </p><p align="justify">En la práctica de la <i>medicina basada en evidencias</i>, un modo de prestar ayuda al paciente que “procura la integración de la experiencia individual del médico con la mejor evidencia externa disponible” (Pera, C. <i>El Humanismo en la relación médico-paciente; del nacimiento de la clínica a la telemedicina, </i>Fundación SIS, dic. Nº 6, <a href="http://www.fundsis.org/">www.fundsis.org</a>) a la hora de decidir el diagnóstico y el tratamiento más conveniente, el médico maneja <i>probabilidades</i> concretadas en <i>algoritmos</i>, definidos éstos como “una serie de reglas o instrucciones, fundadas en el cálculo de probabilidades, con el objetivo de alcanzar la mejor solución para un problema.” En cualquier caso, la decisión final del médico se fundamenta en una <i>información probabilística</i> y, por lo tanto, con aceptación consciente, por su parte, y la del paciente, de una cierta <i>incertidumbre</i> en los resultados, negativos y positivos, de la decisión tomada. Al fin y al cabo (como subraya Groopman) “las estadísticas no pueden sustituir al ser humano que uno tiene delante ya que incorporan medias, no individuos”. </p><p align="justify">Más allá del análisis de los <i>procesos cognitivos</i>, truncados en la mente de los médicos cuando cometen errores, lo que interesa resaltar del libro de Groopman, aquí y ahora, es su insistencia en la responsabilidad que cabe atribuir, en los fracasos del <i>proceso cognitivo</i> del médico y en los consiguientes <i>errores diagnósticos y terapéuticos</i>, a la <strong>creciente <i>incomunicación verbal</i> entre paciente y médico</strong> en la medicina de nuestro tiempo, al <i>diálogo de sordos</i> en que se ha convertido la primera entrevista entre ambos (“El primer desvío de un diagnóstico correcto esta causado, a menudo, por la falta de comunicación”). Una falta de comunicación que ya analizamos hace algunos años extensamente (<i>La estructura narrativa de la relación entre el enfermo y su médico</i>&quot;, I Ciclo de Humanidades Médicas, Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona, Curso académico 1999-2000). </p><p align="justify">En el año 1999 escribíamos en el texto arriba citado: “Sucede, bastante a menudo, que los médicos interrumpen o “redirigen” la narración o discurso inicial del paciente, acerca de sus molestias y preocupaciones, lo que hace que, a partir de este momento, dicha narración pueda quedar truncada; la consecuencia es, en estos casos, un relato incompleto del paciente con la consiguiente pérdida de oportunidades para llegar a una mejor compresión de problema o problemas planteados en la entrevista. En el año 2007 escribe Groopman: “Los médicos interrumpen al paciente a los 18 segundos de haber comenzado a hablar”…. y dado que “el lenguaje sigue siendo la piedra angular de la práctica clínica”, es lógico que “al final de este viaje por las mentes de los médicos volvamos al lenguaje”. </p><p align="justify">Volviendo al <i>lenguaje</i> (como aconseja Groopman) conviene recordar que desde el primer encuentro entre el paciente y el médico todo el tiempo que ha de transcurrir, entre las iniciales e inseguras palabras del paciente a su médico, como contestación a las primeras preguntas de éste: &quot;¿Qué le pasa? &quot;¿Cuál es su problema?&quot;, y sus palabras finales, al dar por finalizada la asistencia prestada, todo ese tiempo debe estar lleno de narraciones tanto del paciente como del médico, y de historias, orales y escritas. </p><p align="justify">Desafortunadamente, el relato del paciente, su propia historia, lo que éste piensa y siente acerca de su padecimiento, es tenido muy poco o nada en cuenta en la práctica médica actual. <strong>La narración ha sido sustituida abusivamente por el interrogatorio</strong>, una palabra muy poco afortunada en este contexto, ya que expresa un tipo de relación paternalista, si tenemos en cuenta lo que realmente significa: &quot;serie de preguntas, especialmente las formuladas por las autoridades&quot;. </p><p align="justify">La historia clínica que ha de escribir el médico, la que debiera ser una narración cuyo material informativo procediera tanto de lo que dice el paciente (en lo que se refiere a síntomas, preocupaciones, preferencias y valores) como de lo que interpreta el médico, es sustituida por un distanciado interrogatorio, rellenado con las escuetas respuestas a un exhaustivo e impersonal formulario estándar. La misma consideración alienante para el paciente se pone de manifiesto cuando se utilizan expresiones tales como &quot;hacer la historia&quot; o &quot;tomar los datos al paciente&quot;. </p><p align="justify">Tras el primer y fundamental encuentro personal entre el paciente y su médico, que debe tener una <i>estructura narrativa</i> en dos direcciones, y ser interactiva, la complejidad de la <i>mirada médica</i> debe desplegarse por la geografía corporal presuntamente enferma, para proceder a seleccionar aquellos territorios corporales sobre los que ha de concentrarse la sospecha diagnóstica, y a los que (mediante la apropiada <i>potenciación de la mirada </i>con la<i> tecnología de la imagen</i>) puede convertir en casi <i>transparentes</i>. </p><p align="justify">En todo caso, para que este encuentro interpersonal en el que radica la esencia del acto médico sea beneficioso para el paciente, y éticamente seguro para ambos, se necesita <i>tiempo,</i> un bien hoy desgraciadamente muy escaso en la relación entre paciente/médico, deficiencia de etiología múltiple que es urgente corregir. </p> ]]></description>
<date>4/21/2008</date>
<time>6:31:00 AM</time>
<link><![CDATA[ http://www.bloglandia.com/salud/?view=plink&id=237 ]]></link>
<id>237</id></item>
<item>
<title><![CDATA[Hasta ahora no hay cómplices en el caso de los priones, las proteínas causantes de las encefalopatías espongiformes transmisibles ]]></title>
<description><![CDATA[<img alt="Priones" hspace="5" src="/salud/images/priones.jpg" align="left" border="0" /><p align="right">“ <i>Infectar</i>.<br />(Del lat. infect&#257;re):<br />“Dicho de algunos<br />microorganismos<br />patógenos,<br />como los virus<br />o las bacterias:<br />Invadir un ser vivo<br />y multiplicarse en él.” </p><p align="right">“<i>Cómplice</i>.<br />(Del lat. complex, -&#301;cis):<br />“Persona que, sin ser autora<br />de un delito o una falta,<br />coopera a su ejecución<br />con actos anteriores o simultáneos” </p><p align="right">(<i>Diccionario de la RAE</i>) </p><p align="justify">El pasado 7 de Abril el Ministerio de Sanidad y Consumo confirmó el fallecimiento de dos pacientes afectos de la <strong><i>variante de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob</i></strong> ocurridos en Castilla y León. Según la nota del Ministerio, las fechas de los fallecimientos, en diciembre de 2007 y febrero de 2008, indican que el contagio se produjo por ingesta de tejidos contaminados antes de que el Gobierno español y las autoridades europeas tomaran las medidas oportunas para evitar el llamado<strong> “<i>mal de las vacas locas</i>”.</strong> </p><p align="justify">Existen cuatro tipos de <strong><i>enfermedad de Creutzfeldt-Jakob</i> (CJD)</strong>: la <i>esporádica</i>, la <i>familiar</i>, la <i>yatrogénica</i> y la <i>variante</i>. El cuarto tipo (<i>variante</i>) fue definido en 1996 a raíz de la epidemia producida en el Reino Unido y se atribuye al contagio a través del consumo de productos alimentarios procedentes de animales, con abundante tejido nervioso, los cuales, a su vez, habían consumido pienso de origen animal contagiado con <i>priones</i> y padecían la <strong><i>encefalopatía espongiforme bovina</i></strong> (BSE), reconocida como tal en el año 1987. Desde entonces más de 150 personas han fallecido en el Reino Unido de la variante de la CJD que habían consumido carne de ganado vacuno que contenía <i>priones</i>. </p><p align="justify">Fué en el año 1982, cuando Stanley Prusiner enunció el concepto de <i>prion</i> (abreviatura de PRoteinaceous INfectious agent), una idea transgresora del paradigma científico dominante, ya que defendía la tesis de la existencia de un <i>agente infeccioso transmisible</i>, compuesto tan solo de una <i>proteína anormal</i>, sin la presencia de<i> ácidos nucleicos</i> (es decir, sin un <i>genoma</i>), como sería necesario si el agente fuera un virus. Esta <i>proteína anormal</i> sería la única responsable de una serie de raras <i>enfermedades neurodegenerativas</i> <i>transmisibles</i> que, a largo plazo, transforman al cerebro en una “esponja” llena de microcavidades (<i>encefalopatías espongiformes transmisibles</i>), de curso evolutivo fatal, que traspasan las barreras de especies animales, desde la <i>scrapie</i> o “ tembladera” de las ovejas (descrita en el siglo XVIII) hasta la <i>variante humana de la</i> <i>enfermedad de Creutzfeldt-Jakob</i> (vCJD) provocada por la transmisión de la <i>encefalopatía espongiforme</i> <i>bovina </i>(BSE) al consumir la carne de los animales afectados, una enfermedad conocida vulgarmente como <strong>“mal de las vacas locas”</strong>. A Stanley B. Prusiner le fue concedido el Premio Nobel de Fisiología o Medicina del año 1997 por su “descubrimiento de los priones, un nuevo principio biológico de infección”. </p><p align="justify">La <i>proteína anormal</i> (la PrP<sup>sc</sup>) es el agresivo agente infeccioso denominado <i>prión</i>, resistente a las <i>proteasas</i> (cuya función es eliminar dentro de las células a las proteínas malformadas o aberrantes) que sería el resultado de una <i>anómala conformación tri-dimensional </i>de una <i>proteína normal</i>, constituida por 209 aminoácidos en el ser humano (conocida con las siglas PrP<sup>c</sup>), ligada a la membrana celular y sensible a las <i>proteasas</i>, ubicua en las células de los organismos vivos, especialmente en neuronas y linfocitos, y cuya función es aún desconocida. En el año 1985 fue clonado el <i>gen</i> que expresa tanto a la <i>proteína normal</i> como a la <i>anormal</i> y que es citado con las siglas <i>Prnp</i> . </p><p align="justify">La formación de la <i>proteína anormal</i> (<i>prión</i>) a partir del forzado cambio inducido en la conformación espacial de la <i>proteína normal</i> (PrP<sup>c</sup>) fue demostrada precisamente en un experimento diseñado para rechazar la hipótesis de Prusiner que responsabiliza a la <i>proteína anormal</i> (prión) de la transmisión de estas <i>enfermedades neurodegenerativas</i>, al comprobarse cómo en los ratones en los que se les ha eliminado el gen <i>Prnp</i> (ratones <i>Prnp</i><sup>o/o</sup>), que es el que codifica la <i>proteína normal</i>, cuando se les inocula con homogenizados del cerebro de ratones fallecidos de la <i>enfermedad neurodegenerativa de las ovejas</i> conocida como <i>scrapie</i>, no se desarrolla la enfermedad. No obstante, algunos escépticos con la hipótesis de Prusiner, han insinuado que la <i>proteína normal</i> podría ser el receptor de un virus aún no identificado. </p><p align="justify">Si bien la acumulación en el cerebro de la <i>proteína anormal </i>(la PrP<sup>sc</sup>) o <i>prión</i>, con su <i>conformación infecciosa</i>, replicada a partir de la <i>proteína normal</i> (PrP<sup>c</sup>), es lo que caracteriza a las <i>enfermedades priónicas</i>, no existen pruebas de que dicha acumulación sea directamente responsable de los devastadores efectos provocados sobre el tejido cerebral, con formación de microcavidades o microvacuolas, lesiones englobadas genéricamente bajo el término de <i>espongiosis</i>. </p><p align="justify">Por otra parte, se ha demostrado que la deposición crónica de la <i>proteína anormal</i> en los ratones desprovistos del gen <i>Prnp</i> (ratones <i>Prnp</i><sup>o/o</sup>), por lo que no expresan la <i>proteína normal</i> (PrP<sup>c</sup>), no ocasiona lesiones en sus cerebros, hallazgo que es corroborado por el hecho de que la depleción de la <i>proteína normal</i> de las neuronas de los ratones infectados con la enfermedad ovina <i>scrapie</i> previene el desarrollo de esta enfermedad. En consecuencia, la acumulación de la <i>proteína anormal</i> no es suficiente, por sí sola, para el desarrollo de las lesiones neurológicas, sino que es necesaria una interacción, de mecanismo desconocido, con la <i>proteína normal</i>. </p><p align="justify">El origen del <i>prión</i> (la PrP<sup>sc</sup>) a partir de una modificación en la conformación espacial de la <i>proteína normal</i> (PrP<sup>c</sup>) se ha demostrado al conseguirse la reproducción del proceso de modificación en un ambiente sintético, es decir<i> in vitro</i>, libre de células y de <i>ácidos nucleicos</i>, compuesto exclusivamente por la <i>proteína normal</i>, lo que hace muy improbable que la replicación de la <i>proteína anormal</i> a partir de la <i>normal</i> dependa de la presencia de un <i>virus</i> o de un <i>ácido nucleico</i>. </p><p align="justify">Si <strong>la hipótesis de Prusiner, que defiende que la <i>infección</i> depende <i>tan sólo</i> de la <i>proteína anormal</i> o prión</strong>, es la correcta, se podría argüir que el problema reside en la estructura molecular de dicha <i>proteína anormal</i>, que hasta ahora no es conocida con precisión, debido a dificultades que presenta la purificación del agente infeccioso en el material obtenido de los animales enfermos. </p><p align="justify">A pesar de los significativos avances ocurridos en los últimos años, que hacen que la hipótesis de Prusiner que considera que los <i>priones</i> son los <i>únicos responsables</i>, sea la explicación dominante, <strong>persisten algunas incertidumbres sin respuesta convincente</strong>: ¿Cuál es la función fisiológica de la <i>proteína normal</i>? ¿Cuáles son los mecanismos moleculares que conducen a la replicación de los <i>priones</i>? ¿Cómo consigue replicarse el <i>prión</i>, forzando a la <i>proteína normal</i> a transformarse a su imagen y semejanza? ¿Es necesaria la presencia de otras proteínas en el proceso de conversión? ¿Cuáles son las secuencias patogénicas moleculares que concurren en la producción de las <i>lesiones neurodegenerativas</i>? </p><p align="justify">Desde que Prusiner formulara en el año 1982 la herética hipótesis de que era una <i>proteína anormalmente conformada</i>, un <i>prion</i>, generada a partir de una <i>proteína normal</i>, sin mensaje genético alguno, el único agente infeccioso causante de las <i>encefalopatías espongiformes transmisibles, </i>rompiendo así, de manera escandalosa, un <i>paradigma científico</i>, las sucesivas investigaciones no han podido demostrar de manera concluyente, la existencia o no de <i>cómplices </i>del insólito <i>prión</i>, aunque el mayor peso de la evidencia está a favor de su solitaria responsabilidad. </p><p align="justify">En todo caso, los hallazgos hasta ahora realizados están permitiendo conocer una <i>nueva biología de las proteínas</i>, en las que deben incluirse los <i>priones</i> como conformaciones anormales de proteínas normales, dotados de capacidad para replicarse y perpetuarse a sí mismos sin poseer mensaje genético, con acciones que pueden ser beneficiosas, tal como sucede en los recientemente descritos priones de las levaduras (como el sup35), o fatalmente dañinas, como ocurre en las <i>enfermedades neurodegenerativas</i>. </p><p align="justify">Porque como escribiera Thomas S.Kuhn en su clásico libro <i>La Estructura</i><i> de las Revoluciones Científicas </i>(1962) <i>“La Historia sugiere que el camino que conduce a un consenso firme en la investigación es extraordinariamente arduo”.</i> </p> ]]></description>
<date>4/14/2008</date>
<time>9:33:00 AM</time>
<link><![CDATA[ http://www.bloglandia.com/salud/?view=plink&id=236 ]]></link>
<id>236</id></item>
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<title><![CDATA[El cerebro y la fascinante barrera que lo convierte en un santuario biológico ]]></title>
<description><![CDATA[<p align="right"><i><img hspace="5" src="/salud/images/paul_ehrlich.jpg" align="left" border="0" />“The brain is a sanctuary site” </i><br />(Marc-André Bellavance, 2008) </p><p align="justify">En el progresivo <strong><i>deterioro biológico</i></strong> ineludible al cuerpo humano preocupa sobremanera el que afecta a las funciones de su<strong> <i>cerebro</i></strong>, de modo especial cuando el deterioro se acentúa y se acelera a causa de la interferencia de la <strong><i>enfermedad de Alzheimer</i></strong>. De aquí el interés que despiertan las investigaciones que pretenden profundizar en el conocimiento de los muy específicos mecanismos defensivos que, interpuestos a modo de <i>barrera</i> entre la circulación sanguínea y el sistema nervioso central, procuran mantener al <i>cerebro</i> como territorio de acceso restringido, dentro del espacio biológico global del organismo humano. Por otra parte, es bien conocido que otras enfermedades neurológicas, además del Alzheimer, pueden modificar, directa o indirectamente, la función y la permeabilidad de dicha barrera, como sucede en la esclerosis múltiple, el SIDA, las encefalitis y meningitis e, incluso, en los trastornos psiquiátricos. </p><p align="justify">En un artículo publicado hace unos días en la revista <i>Journal of Neuroinflammation</i>, investigadores de la Universidad de South Dakota, EEUU, partiendo de la base de que tanto los <i>niveles elevados de <strong>colesterol</strong></i> como las rupturas de la <i>barrera </i>interpuesta entre la circulación capilar sanguínea y el tejido cerebral (<i>barrera hematoencefálica</i>) han sido implicados en los mecanismos que pueden conducir a la génesis de la <strong><i>enfermedad de Alzheimer</i></strong>, así como de investigaciones que sugieren que<strong> la <i>cafeína</i> puede proteger contra dicha enfermedad</strong>, llegan a una doble conclusión:<br />a) La ingestión crónica de <i>cafeína</i> protege contra la ruptura de la <i>barrera hematoencefálica </i>inducida por una dieta rica en colesterol;<br />b) La <i>cafeína</i>, y sustancias similares, podrían ser útiles en el tratamiento de la <i>enfermedad de Alzheimer</i>. </p><p align="justify">La existencia de una <i>barrera hematoencefálica </i>fue demostrada experimentalmente en el 1885 por Paul Ehrlich, (Premio Nobel de Medicina en el año 1908, compartido con Ilya Mechnikov, “como reconocimiento a sus trabajos sobre la inmunidad”), al observar como la inyección en la corriente sanguínea de la rata de <i>azul tripán</i> (un colorante soluble en agua utilizado para tinciones <i>in vivo</i> de las células) <i>se distribuía por todos sus tejidos orgánicos</i>, <i>excepto por el sistema nervioso central</i> (cerebro, médula y retina). Treinta años más tarde, su discípulo Edwin Goldmann demostró el fenómeno opuesto, es decir, que la inyección de colorantes vitales en el líquido cefalorraquídeo de la rata quedaba confinada en el <i>cerebro</i>, ya que no se distribuía por los restantes tejidos orgánicos. </p><p align="justify">Ahora sabemos que la <i>barrera interpuesta entre la sangre que circula por el tejido cerebral y el propio cerebro</i> (<i>Blood-Brain-Barrier</i>) está constituida básicamente por las <i>células endoteliales</i> que recubren interiormente las paredes de los vasos capilares cerebrales como un tapiz, sin resquicio alguno. La impermeabilidad de esta <i>barrera endotelial </i>depende, a nivel de la microcirculación cerebral, de las muy ajustadas uniones entre los bordes de cada célula endotelial, de tal modo que no dejan el más mínimo hueco para la filtración, completada por la existencia de una <i>membrana basal</i> en la que está embebida el <i>endotelio</i>. Pero eso no es todo, ya que los capilares de la circulación cerebral están <i>envueltos </i>por una serie de <i>células</i> cuyas interacciones son básicas para la función de la <i>barrera</i>: los <i>pericitos</i>, con capacidad contráctil y, sobre todo, por las aplanadas proyecciones terminales de los <i>astrocitos</i> (células pertenecientes a la <i>neuroglia</i> que es el tejido conjuntivo específico del sistema nervioso), que funcionan como parte muy activa de esta muy compleja barrera defensiva, ya que promueven su maduración, y las proyecciones de las propias <i>neuronas.</i> </p><p align="justify"><img alt="Barrera hematoencefálica" hspace="0" src="/salud/images/barrera-.jpg" align="absMiddle" border="0" /></p><p align="justify">Es ésta, sin duda, una barrera muy especial ya que, al contrario de lo que sucede en otros territorios orgánicos, impide la <i>difusión pasiva</i> a través de la membrana constituida por lípidos de las células del endotelio, de aquellas moléculas que sólo son solubles en agua (hidrosolubles), así como de las de gran tamaño (macromoléculas). Se estima que el 98% de las moléculas pequeñas y la totalidad de las macromoléculas quedan excluidas de compartimiento cerebral. </p><p align="justify">Cuando la <i>barrera hematoencefálica</i> está intacta el <i>territorio cerebral</i> mantiene estable un microambiente muy especial, distinto al del resto del organismo, apropiado para proteger la elevada excitabilidad de las neuronas, un ambiente que ha sido comparado metafóricamente a un <i>santuario</i>, entendiendo esta palabra (del latín <i>sanctuarium</i>, lugar “santo”) como un “lugar de refugio o de seguridad”, interpretación originada en el hecho de que en las iglesias y otros lugares considerados como sagrados, aquellos que eran perseguidos por la ley no podían ser apresados. </p><p align="justify">Este carácter de <i>santuario</i> del cerebro, procurado por la <i>barrera hematoencefálica</i>, tiene consecuencias negativas frente a aquellos fármacos (macromoléculas o moléculas solubles en agua) que no pueden atravesarla (a menos que se transformen en <i>liposolubles</i>), por lo que los <i>objetivos</i> perseguidos se acantonan allí, ocultos y protegidos, como sucede con el virus del SIDA y con las células tumorales que colonizan el cerebro como metástasis; para estos <i>virus</i> y para las <i>células malignas</i>, el <i>cerebro</i> protegido por la <i>barrera</i> es un <i>santuario</i>, como se dice de lugares inaccesibles, por motivos orográficos y/o políticos, donde se ocultan terroristas muy buscados. </p><p align="justify">No obstante, para solventar estas dificultades de acceso, la <i>barrera hematoencefálica</i> dispone de transportadores específicos, expresados por las células endoteliales, capaces de trasladar, en una y otra dirección, moléculas nutrientes de gran tamaño necesarias para el metabolismo y la actividad cerebral, como la <i>glucosa</i>, vital para la producción de energía, y los <i>aminoácidos</i>, imprescindibles para la síntesis de proteínas. </p><p align="justify">Si se acepta la metáfora de los <i>memes </i>(análogos funcionales y fonéticos de los <i>genes</i>) definidos como “elementos culturales auto-replicantes transmitidos por imitación”, calificados, incluso, como “virus de la mente”, que pueden llegar a alterar la conducta de la persona o personas fuertemente contaminadas, es evidente que no corresponde a la <i>barrera </i>que convierte al <i>cerebro</i> en un <i>santuario biológico</i>, la función de seleccionar y frenar, en su caso, la continua invasión cerebral de palabras, frases hechas y conceptos simplistas convertidos en <i>memes</i> en esta sociedad de la información y del conocimiento, sino a una <i>barrera intelectual.</i> </p><p align="justify">Es a una <strong><i>barrera </i><i>intelectual </i>construida culturalmente mediante la aplicación de un <i>pensamiento crítico</i> <i>y libre</i></strong> (que sólo puede desarrollarse mediante la <i>educación desde la libertad</i> y desde la asunción de la <i>tolerancia </i>hacia las opiniones de los otros) a la que corresponde evitar que <i>memes </i>con fuerte y simple carga dogmática que buscan la hegemonía ideológica y el poder, se repliquen a sus anchas en innumerables cerebros, de los que se adueñan y a los que aglutinan, según su <i>fuerza memética</i>, en grupos o en multitudes que se convierten en mentes acríticas, radicales, fundamentalistas, monocordes, ruidosas, intolerantes y agresivas para los otros (Pera, C. <i>Pensar desde el cuerpo. Ensayo sobre la corporeidad humana</i>, Ed. Triacastela, 2006). </p> ]]></description>
<date>4/7/2008</date>
<time>9:49:00 AM</time>
<link><![CDATA[ http://www.bloglandia.com/salud/?view=plink&id=235 ]]></link>
<id>235</id></item>
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<title><![CDATA[Calvicie, actividad androgénica e infarto de miocardio en los hombres ]]></title>
<description><![CDATA[<p align="right"><i><img alt="Shakespeare" hspace="5" src="/salud/images/shakespeare.jpg" align="left" border="0" />“Todos los sabios son calvos.<br /></i><i>La calvicie es el signo<br />de la razón y </i><i>la sabiduría”. </i><br />(Sinésio de Cirene,<br /><i>Elogio de la calvicie</i>”) </p><p align="right">“<i>El hombre no puede recuperar el cabello,<br />que por naturaleza pierde.<br />Porque es una bendición que se ha<br />concedido a las bestias:<br />y lo que no le ha otorgado<br />al hombre en pelo<br />se lo ha dado en entendimiento</i>”.<br />(W. Shakespeare,<br /><i>La Comedia de los Errores</i>,<br />Acto II, Escena 2) </p><p align="justify">Dado que la <strong>calvicie </strong>puede ser una medida de la actividad de la hormona sexual masculina, la <i>testosterona</i>, y de su metabolito activo, la <i>dihidrotestosterona</i>, una actividad hormonal conocida como <i>androgénica</i>, y que ésta es posiblemente un factor determinante de la formación de las placas de <i>ateroma </i>que obstruyen, entre otras, a las arterias coronarias (<i>ateroesclerosis coronaria</i>), sería interesante explorar la posible existencia de una <i>asociación</i> entre los distintos tipos de <i>calvicie masculina</i> y el <i>infarto de miocardio</i> como manifestación aguda de la <i>enfermedad coronaria</i>, una asociación que parecía sugerirse en alguna investigación previa (Lesko,1993). </p><p align="justify">Esto es lo que se han planteado investigadores de las divisiones de Epidemiología y Bioestadística de las universidades de Arizona, Carolina del Norte y Johns Hopkins (Baltimore), en un artículo publicado en el <i>American Journal of Epidemiology </i>del mes de marzo de 2008, en el que llegan a la conclusión de que la existencia de la <i>calvicie</i> en un individuo no puede ser considerada como una medida subrogada de su <i>actividad androgénica</i>, aunque ésta sea un importante <i>factor de riesgo</i> para la provocación de un <i>infarto de miocardio</i>. </p><p align="justify">Para profundizar más en la posible asociación entre <i>calvicie masculina</i> e <i>infarto de miocardio</i>, los autores examinaron también la relación entre los distintos tipos de <i>calvicie androgénica </i>y el grosor de la <i>capa íntima de la arteria carótida</i> (determinado con técnicas avanzadas de <i>diagnóstico mediante imágenes</i>), una capa en la que se depositan progresivamente las placas de <i>ateroma</i>, como un signo precoz del desarrollo de la <i>ateroesclerosis</i>, entre aquellos participantes sin síntomas clínicos de esta <i>enfermedad cardiovascular</i>; no hallaron diferencias en el grosor de la capa íntima carotídea entre unos participantes y otros, con lo que parecen demostrar la escasa relevancia de la <i>calvicie androgénica </i>como indicador del desarrollo inicial de la <i>ateroesclerosis </i>en su fase libre de síntomas. </p><p align="justify">La palabra <strong>calvicie</strong> (del lat. “calvicies” y ésta de “calvarium”, el cráneo, y de “calva”, la cabeza sin pelo) nombra vulgarmente a la “falta de pelo en la cabeza”, mientras que, desde el punto de vista médico, la palabra <strong>alopecia</strong> (del latín “alopec&#301;a”, y ésta literalmente del griego &#7936;&#955;&#969;&#960;&#949;&#954;&#8055;&#945;, con el significado de <i>zorro/a</i>, ya que hace referencia a las frecuentes perdidas parciales del pelo en estos animales), es la que se utiliza para definir clínicamente la “pérdida anormal del pelo”. </p><p align="justify"><strong>De todas las formas de <i>calvicie</i> la más frecuente es la denominada <i>alopecia androgénica</i></strong>, causada por una miniaturización de los folículos pilosos promovida por la<i> testosterona</i>, la hormona sexual masculina, en individuos genéticamente susceptibles, tanto en la <i>calvicie masculina </i>(caracterizada por una pérdida de pelo en el área <i>frontal</i> y en el <i>vértice</i> de la cabeza) como en la <i>femenina</i>, en la que se suele conservar el pelo frontal y se pierde en la <i>coronilla</i>. </p><p align="justify">La <i>testosterona</i>, y su metabolito activo la <i>dihidrotestosterona </i>(generada por la acción de una enzima, la 5-<i>alfa-reductasa</i> tipo II), actúan sobre unos específicos <i>receptores androgénicos</i> localizados en la <i>papila dérmica</i> sobre la que asienta el <i>folículo piloso</i> con efectos aparentemente paradójicos: mientras que aumentan durante la adolescencia el tamaño de los folículos pilosos en las áreas de la piel dependientes de los andrógenos, como en la barba, más tarde pueden disminuir el tamaño de los folículos pilosos de la cabellera si están genéticamente predispuestos, dando lugar a la <i>calvicie</i> o <i>alopecia androgénica</i>. </p><p align="justify">En los individuos jóvenes de ambos sexos con <i>calvicie androgénica </i>se detectan niveles elevados de la enzima 5-<i>alfa-reductasa</i> tipo II así como de los <i>receptores para los andrógenos</i> situados en los folículos pilosos mientras que, por el contrario, tienen niveles más bajos de la <i>citocromo P.450 aromatasa</i>, una enzima que convierte a la <i>testosterona</i> en <i>estradiol</i>, que es un <i>estrógeno</i>, desactivando, en consecuencia, su <i>actividad androgénica.</i> </p><p align="justify">En los folículos pilosos genéticamente susceptibles a la <i>calvicie </i>la <i>dihidrotestosterona</i> se encaja en el correspondiente <i>receptor androgénico</i> y el complejo bioquímico resultante de esta unión es el que activa a los <i>genes </i>responsables de la gradual disminución del tamaño de los folículos pilosos, que dan lugar a unos cabellos cortos y finos que dejan al descubierto, o escasamente recubren, la piel de la “calva”. </p><p align="justify">La <strong>pérdida anormal del cabello</strong>, la <i>calvicie</i>, ha sido históricamente pensada desde el propio cuerpo que la sufre, y también valorada por los otros cuerpos que la observan, desde distintos puntos de vista, hasta convertirse en una cambiante construcción cultural. El cráneo masculino, <i>mondo</i> y <i>lirondo</i> por la <i>calvicie</i>, ya fue preferido al cráneo que conserva una frondosa <i>cabellera</i>, por Sinesio de Cirene (370-c.414), un curioso personaje, iniciado en el neoplatonismo en la escuela de la famosa matemática y filósofa pagana Hipathia de Alejandría, que llegó a ser obispo cristiano de la ciudad de Ptolemais en la Cirenaica. En su “Elogio de la Calvicie” (<i>Eloge de la calvitie</i>, Arléa, Poche, 2003), escrito como respuesta a un “Elogio de la cabellera” de Dion Crisóstomo (c. 40-120),de quien se consideraba su discípulo, se incluyen afirmaciones retóricas de este tipo: “Si veis una frente totalmente desprovista de cabello, miradla como domicilio de la inteligencia” y...” puesto que todos los hombres cuya naturaleza es en verdad distinguida son calvos, como yo lo soy, es preciso que aquellos que no lo son utilicen la navaja para corregir y ayudar a la naturaleza”. </p><p align="justify"><strong>William Shakespeare</strong> (1564-1616), con una <i>calvicie precoz</i> que afectaba ampliamente a su frente y al vértice craneal, se consuela pensando que “lo que no le ha otorgado al hombre en pelo -y sí a las bestias- se lo ha dado en entendimiento”, y, en la misma línea de pensamiento afirma que “hay muchos hombres que tienen más pelo que inteligencia” (<i>La Comedia de los Errores</i>, Acto II, Escena 2). </p><p align="justify">Porque es, sin duda, un consuelo para el que sufre una <i>calvicie precoz</i> ligada a la naturaleza humana, pensar que se trata de un trueque, al parecer ventajoso, de <i>cabellera</i> por <i>inteligencia</i>, un intercambio que ha sido teorizado, más de veinte siglos después de Sinesio de Cirene, por el escritor norteamericano Eugene Field (1850-1895) en su irónico texto “Baldness and Intellectuality” (<i>Calvicie e Intelectualidad</i>), un ensayo en el que la <i>alopecia precoz</i> es considerada, con desmesurado optimismo, como “un seguro signo de inteligencia”. </p><p align="justify">Sin embargo, y por muy diversas razones, <strong>no todos los hombres con <i>calvicie androgénica</i> se sienten cómodos</strong> con su apariencia y han recurrido históricamente a distintos tipos de <i>prótesis </i>para recubrir, total o parcialmente, su desnudo cráneo con pelucas y bisoñés, mientras que algunos, aceptan técnicas quirúrgicas que tratan de restaurar el cabello perdido. La <i>Internacional Society of Hair Restoration Surgery (</i><i>Sociedad Internacional de Cirugía para la restauración del cabello</i>) ofrece en su página <i>web</i> sus servicios de restauración capilar, a pesar de las opiniones contrarias de Sinesio de Cirene y de William Shakespeare, y del extendido <i>look</i> de la cabeza completamente rasurada, sobre todo entre los deportistas. Es cuestión de gusto. </p> ]]></description>
<date>3/31/2008</date>
<time>6:43:00 AM</time>
<link><![CDATA[ http://www.bloglandia.com/salud/?view=plink&id=234 ]]></link>
<id>234</id></item>
<item>
<title><![CDATA[Un Diógenes del siglo XXI, la fría mañana del viernes santo, en la desierta ciudad ]]></title>
<description><![CDATA[<p align="right"><i><img alt="Diógenes" hspace="5" src="/salud/images/diogenes.jpg" align="left" border="0" />“Aristóteles desayuna<br />cuando le place al rey;<br />Diógenes,<br />cuando le place a Diógenes” </i><br />(Atribuido a Diógenes) </p><p align="justify">¿Adonde va, en esta fría mañana del viernes santo, por la desierta ciudad, ese hombre con melena y barba canosas, en extremo descuidadas, tocado con una arrugada gorra de amplia visera y vestido con desaliño, que arrastra por la acera, encorvado y con sus rodillas flexionadas por el gran esfuerzo, un extraño carro de fortuna cargado de cachivaches y de periódicos amontonados, aunque todo geométricamente estibado y asegurado con tensas cuerdas, hasta formar una especie de contenedor, que le supera en altura, recubierto, en parte, por trozos de una vieja lona verde? </p><p align="justify">Este hombre es un viejo conocido; lo tengo visto en lugares muy distantes en la ciudad, siempre arrastrando su carro, siempre cargado al máximo de objetos desechados por inútiles. En ocasiones, he visto su carro, con sus pobres pertenencias, aparcado junto a una fuente pública, o a cubierto de la lluvia bajo el amplio saliente de un edificio. Parece huraño, no habla con nadie, no pide limosna e ignora a todos los que se cruzan en su camino. </p><p align="justify">Por lo bien ordenado de la gran carga que arrastra, da la impresión de que no acarrea los desechos que ha recogido en su diario recorrido por los contenedores de basura de la ciudad para acumularlos más tarde en los espacios de la casa en la que viva, sino que no tiene techo bajo el que cobijarse y que lo que arrastra es su “casa” ambulante, con todo lo que posee. A esa extraña conducta de compulsivo coleccionista de desechos se le ha dado un nombre: <i>síndrome de Diógenes</i>. </p><p align="justify">En el año 1975, la revista <i>The Lancet</i> publicó un artículo firmado por los psiquiatras británicos Clark AN, Mankikar GD y Gray I bajo el título “Diógenes síndrome. A study of gross neglect in old age” (<strong><i>Síndrome de Diógenes. </i></strong><strong><i>Un estudio acerca del gran abandono personal en la vejez </i></strong>). Desde entonces el <i>síndrome de Diógenes</i> está presente con relativa frecuencia en la sección de sucesos de los medios de comunicación. </p><p align="justify">El <strong>síndrome de Diógenes</strong> ha sido descrito como un <strong>trastorno de la conducta </strong>que se presenta básicamente en ancianos, y que se caracteriza por los siguientes hechos:<br />a) El descuido más extremado de la higiene y del cuidado de su cuerpo, así como de la limpieza y ordenación de la casa en la que vive;<br />b) Acumulación progresiva de basura y de objetos inútiles en el espacio en el que vive, hasta el punto de que resulta casi imposible utilizarlo como tal;<br />c) Un aislamiento social total, con gran resistencia a los intentos de otras personas, o de los servicios sociales, por mejorar su abandono personal y el de su casa;<br />d) Pérdida del sentido del ridículo y del sentimiento de vergüenza por su situación de abandono y miseria.<br />e) Esta penosa situación se mantiene aunque el anciano afecto no tuviera graves problemas económicos para mantener un mejor nivel de vida. </p><p align="justify">La denominación de <i>síndrome de Diógenes</i> dada a este grave <i>trastorno del comportamiento </i>por Clark AN, Mankikar GD y Gray I, en el año 1975, ya firmemente asentada en la literatura médica y no médica, pesar de algunas propuestas alternativas, que hace alusión a la conducta extravagante y desvergonzada del filósofo Diógenes, respecto a las convenciones de la sociedad de su tiempo, es poco apropiada. <strong>Diógenes de Sínope</strong> (412-323 a.C.) que fue, junto con su maestro Antisthenes (un discípulo de Sócrates), el fundador de la secta de los <strong><i>cínicos</i> </strong>(literalmente “como los perros”, ya que éstos eran considerados como símbolo de la desvergüenza), enseñó que la vida debía de ser vivida desde la auto-suficiencia, de la manera más simple, con las mínimas necesidades materiales, así como que las funciones naturales del cuerpo eran, por sí mismas, decentes, por lo que podían ser cumplidas en público, sin vergüenza alguna, con ignorancia de las convenciones sociales. </p><p align="justify">Por el contrario, los comportamientos de las personas afectas del <i>síndrome de Diógenes</i> son la muestra más extremada del rechazo y el desdeño generado desde un cuerpo humano hacia los “otros cuerpos”, con el consiguiente <i>aislamiento social</i>. Para conseguirlo, el nuevo <i>Diógenes </i>descrito en el siglo XX (1975) se rodea progresivamente, comenzando por la desidia ante la higiene de su propio cuerpo, de una barrera casi inexpugnable de acumulada <i>suciedad </i>(para la antropóloga Mary Douglas, “nuestra idea de <i>lo sucio</i> se compone de dos cosas, la atención a la higiene y el respeto a las convenciones”), coleccionando cachivaches y basura (“silogomanía”), una barrera caótica, putrefacta, maloliente y repugnante, que muchas veces termina oprimiendo hasta la muerte al propio constructor, recluido su cuerpo emaciado en un espacio físico progresivamente reducido y malsano. </p><p align="justify">Una situación de este Diógenes de nuestro tiempo bastante alejada de la imagen mítica del Diógenes de Sinope, quien, con el rostro huraño, y sentado a duras penas al borde del tumbado tonel que le servía de vivienda, indica con su mano derecha al poderoso Alejandro Magno que se aparte, ya que le oculta la luz del sol. </p> ]]></description>
<date>3/24/2008</date>
<time>8:43:00 AM</time>
<link><![CDATA[ http://www.bloglandia.com/salud/?view=plink&id=233 ]]></link>
<id>233</id></item>
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<title><![CDATA[La coreógrafa, el cirujano y el público conversan sobre el cuerpo humano ]]></title>
<description><![CDATA[<p align="right"><i><img hspace="5" src="/salud/images/carnicosgr.jpg" align="left" border="0" />“La cultura es conversación”</i><br />(Gabriel Zaid,<br />Los demasiados libros,<br />Anagrama, Barcelona, 1996)</p><p align="right"><i>“La cultura de la salud<br />es cultura del cuerpo” </i><br />(Cristóbal Pera) </p><p align="justify">Las reflexiones del <i>cirujano</i> que escribe, semana a semana, este <i>blog </i>sobre <i>la salud y el</i> <i>bienestar del cuerpo</i>, dentro de <i>Saludlandia.com</i>, unas reflexiones pensadas desde el propio cuerpo (Cristóbal Pera, <i>Pensar desde el cuerpo. Ensayo sobre la corporeidad humana</i>, Ed. Triacastela. 2006) han propiciado un encuentro insólito con la prestigiosa <i>coreógrafa </i>Elena Córdoba, bajo el formato de una <strong><i>conversación abierta sobre el cuerpo human</i></strong><i>o</i> (Sábado 15 de Marzo, 12 h. La Caldera), tras la presentación en Barcelona, en los días previos y en la misma sala, de su espectáculo “El Aire. Fotografías del alma - Primeros acercamientos al proyecto <a href="http://anatomia-poetica.blogspot.com/" target="_blank">Anatomía poética</a>”. Un proyecto que ella describe como “un acercamiento al interior del cuerpo, a todo lo que está más adentro de la piel… busco levantar las capas del cuerpo hasta encontrar el alma o el hueco que deja su ausencia. Una tarea inocente e ilusionada.” </p><p align="justify">Elena Córdoba que había leído el libro del cirujano con generoso interés, hallando en su texto estímulos positivos para su “Anatomía poética”, sugirió a Oscar Darsí, coordinador del grupo independiente La Porta BCN, un “colectivo de artistas que desde 1992 genera actividades y contextos para la creación, el pensamiento y la investigación de propuestas escénicas contemporáneas en torno al cuerpo y el movimiento”, la organización de dicha <i>conversación abierta</i> entre ella, el <i>cirujano</i> y el público, dentro del Ciclo CARNiCOS, Marzo, 2008. </p><p align="justify">Y así se hizo, ya que, en un contacto previo a dicha <i>conversación abierta</i> entre <i>la coreógrafa</i> y <i>el cirujano</i>, se hizo evidente que el hecho de que el <i>cuerpo</i> <i>(centro real de la existencia humana) </i>fuera <i>sujeto</i> y <i>objeto</i> compartido por ambos en sus diferentes oficios y disciplinas, que sus dos <i>miradas </i>profesionales coincidiesen en el <i>cuerpo</i>, permitiría “intercambiar con naturalidad miradas y pensamientos” sobre el <i>espacio corporal humano</i>, ese <i>cuerpo</i> que en la “Anatomía poética” de Elena Córdoba se expresa con movimientos dentro los límites de su propio <i>espacio corporal </i>asentado en el espacio vacío del escenario, con mínimos gestos y con sonoridades; todo ello logrado mediante <i>acciones precisas </i>de la <i>anatomía muscular </i>de sus intérpretes, una “anatomía” transmutada de este modo en “poética”, bajo la exigente y apasionada <i>mirada</i> de la <i>coreógrafa</i> y la expectante mirada crítica de los espectadores. El mismo <i>cuerpo</i> (como “espacio biológico desde el que se proyecta el pensar”) que es <i>invadido</i> en sus entrañas por la <i>mirada del cirujano</i>, que trabaja con sus manos y sus instrumentos, ya sea con intención curativa o paliativa, en el “espectáculo quirúrgico” (Cristóbal Pera, <i>El cuerpo herido. Un diccionario filosófico de la Cirugía, </i>Ed. Acantilado, 2003). </p><p align="justify">La <i>conversación abierta</i> tuvo lugar el pasado sábado en el propio espacio escénico de La Caldera (un centro en el barrio de Gràcia dedicado a la creación, investigación y producción de montajes de danza y demás artes escénicas), iluminado como para una de sus creativas “perfomances”, ante un público mayoritariamente formado por profesionales de la danza creativa. Para el <i>cirujano </i>esta insólita experiencia se convirtió, de principio a fin, en un placer intelectual y emocional, gracias a la feliz alquimia de entusiasmo y curiosidad que se produjo entre los participantes en estas reflexiones sobre el cuerpo, desde dos perspectivas en apariencia tan diferentes, una alquimia facilitada por el ágil fluir de las preguntas y de las respuestas, de las palabras y de los conceptos, lo que permitió acotar y definir coincidencias, ajustar metáforas y abrir nuevas interrogaciones sobre este cuerpo nuestro<i>, pensado desde el propio cuerpo,</i> centro real de la existencia humana, que como tal debe ser cuidado, así como acerca de sus posibilidades creativas, siempre con la mayor dignidad posible. </p><p align="justify">Y todo esto viene a cuento en este <i>blog</i> sobre la <i>salud </i><i>y el bienestar del cuerpo</i> porque, al fin y al cabo, <strong>la <i>cultura de la salud</i> es la <i>cultura del cuerpo</i></strong>, construida sobre el conocimiento teórico y la experiencia personal de la realidad biológica del espacio corporal, de su uso apropiado, con sus limitaciones en el tiempo y en el espacio, de las consecuencias negativas derivadas de su largo y continuado uso y de sus abusos, así como de sus relaciones, muchas veces conflictivas, con los otros cuerpos, en variados escenarios y contextos. En este sentido, es evidente que una verdadera <i>cultura de la salud </i>debe ser <i>pensada desde el propio cuerpo</i>. </p> ]]></description>
<date>3/17/2008</date>
<time>8:34:00 AM</time>
<link><![CDATA[ http://www.bloglandia.com/salud/?view=plink&id=232 ]]></link>
<id>232</id></item>
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<title><![CDATA[Vejez, testosterona, y estado de ánimo ]]></title>
<description><![CDATA[<p align="right"><i><img hspace="5" src="/salud/images/ancianotestosterona.jpg" align="left" border="0" />“A veces viene la tristeza” </i><br />(José Ángel Valente. <br /><i>El Fulgor</i>,<br />Galaxia Gutenberg, 1998) </p><p align="right"><i>“Estoy viejo y cansado.<br />Nada tiene sentido.<br />¿Por qué este tormento?” </i><br />(Ingmar Bergman.<br /><i>La Linterna mágica</i>.<br />Ed. Tusquets, 1995) </p><p align="justify">En un artículo publicado en los <i>Archives of General Psychiatry</i> del mes de Marzo de 2008, miembros de dos universidades australianas se proponen averiguar si en los hombres ancianos, entre 71 y 80 años, la conocida asociación entre las <i>concentraciones en sangre de la testosterona libre</i> y el <i>estado de ánimo </i>es independiente de las enfermedades asociadas con esas edades. La conclusión es que <strong>mientras más bajas son las <i>concentraciones en sangre de la</i> <i>testosterona libre</i> mayor es la <i>frecuencia</i> de la <i>depresión</i></strong>, una asociación que no puede ser explicada adecuadamente por la presencia de enfermedades en la vejez. </p><p align="justify">No es este el primer estudio en el que se relacionan <strong><i>calidad de vida en la vejez</i></strong> y los niveles en sangre de la <i>hormona masculina</i>. En un artículo del <i>Journal of the American Medical Association</i> del 2 de Enero del 2008, miembros del Departamento de Medicina Geriátrica del University Medical Center (Utrecht, Holanda), se propusieron investigar <a href="http://www.saludlandia.com/default.asp?Pv_Con=13885" target="_blank">el efecto de la administración de <i>suplementos de testosterona</i> sobre la movilidad funcional, la función cognitiva, la densidad mineral ósea, la composición corporal, los lípidos del plasma y la calidad de vida</a> en hombres entre 60 y 80 años con niveles normales, aunque bajos, de <i>testosterona</i>. </p><p align="justify">La conclusión fue que en los ancianos con niveles de testosterona bajos, aunque dentro de la normalidad, los <i>suplementos de testosterona</i> administrados durante 6 meses no mejoran el <i>estado funcional</i> ni la <i>capacidad cognitiva</i>, aunque aumentan la <i>masa muscular</i> (Blog <i><a href="/salud/?view=day&blogDate=1/7/2008" target="_blank">Testosterona, envejecimiento y capacidad cognitiva</a></i>). </p><p align="justify">Asumiendo la muy probable participación de la <i>testosterona </i>en las bases bioquímicas del <i>estado de ánimo</i>, es evidente que este profundo sentimiento, que tanto afecta a los seres humanos en su diario vivir, tiene raíces mucho más complejas, por lo que sería un error poner un excesivo acento en este factor hormonal. </p><p align="justify">El <i>Diccionario de la Real Academia Española</i> define el <strong><i>estado de ánimo</i></strong> como “la disposición en que se encuentra alguien, causada por la alegría, la tristeza, el abatimiento, etc”. A su vez, el <i>ánimo</i> (del latín <i>animus</i> y éste del griego <i>anemos</i>, soplo) es definido en su 1ª acepción como “alma o espíritu en cuanto es principio de la actividad humana”, y en la 2ª como “valor, esfuerzo, energía”. </p><p align="justify">El <i>estado de ánimo</i> es una situación transitoria (que “A veces viene. Viene o está” -J.A. Valente-) sin causas específicas evidentes, como sucede en la <i>reacción emocional</i> desencadenada por un suceso concreto que interrumpe bruscamente el tranquilo fluir de “los trabajos y los días”, que nos llega de pronto, sin saber como, y que, tanto si es <i>negativo</i> como <i>positivo</i>, influye decisivamente en el vivir de cada día. Un <i>estado de ánimo</i> individual, que se hace patente tanto en el trabajo cotidiano como en las obras de creación estética (poesía, pintura, escultura, etc.), y que también afecta, metafóricamente, a las colectividades y a los pueblos. </p><p align="justify"><strong>El <i>ánimo</i> es una fuerza interior, un aliento o hálito vital</strong>, que a veces es invocado por quienes nos son más próximos cuando son testigos de que nuestro cuerpo (y la persona en él encarnada) parece ceder o abatirse ante una situación adversa, mediante <i>expresiones </i>que se han convertido en <i>meméticas</i>: ¡ánimo, mucho ánimo!, ¡hay que animarse! En la cultura popular suele relacionarse la presencia activa de la <i>testosterona </i>en el cuerpo masculino con la agresividad y la energía vital, por lo que las invocaciones al <i>ánimo</i> se concretan en explícitas referencias anatómicas a las glándulas productoras de dicha hormona. </p><p align="justify">El <i>estado de ánimo</i>, entendido como “uno de los sucesivos modos de ser o estar” de <i>ánimo</i>, es el sentimiento final resultante, sea positivo o negativo, optimista o pesimista, de una compleja conjunción de factores biológicos, psicológicos y sociales. Es un <i>estado</i> también muy relacionado con las variaciones de nuestro entorno, tanto el natural como el artificial, y que cuando se excede, en uno u otro sentido, entra en el ámbito de los llamados <strong><i>trastornos del estado de ánimo</i> o <i>de la afectividad</i></strong> (depresión grave, estado de ánimo crónico bajo, deprimido o irritable [distimia], y alternancia de la depresión con la manía [síndrome maníaco-depresivo o trastorno bipolar]). </p><p align="justify">Lo que sucede específicamente en la vejez es que su <i>estado de ánimo</i> está muy lastrado por la conciencia del progresivo <i>deterioro</i> del cuerpo, de su mayor <i>vulnerabilidad</i> y, desde luego, de la cercanía de su <i>caducidad</i>. Es un <i>estado de ánimo</i> propicio a la nostalgia, la melancolía, la tristeza, la pesadumbre y la desesperanza. </p><p align="justify">El cuerpo que, una vez <i>retirado</i> del espacio que venía ocupando en la sociedad, vive sumido totalmente en su vejez, sin haber podido o sabido reaccionar a tiempo y buscar espacios alternativos para su nueva situación social (entre otras razones porque el llamado <i>estado del bienestar </i>no se los ofrece) queda fuera de los circuitos de la actividad corporal y entra en el difuso y oscuro territorio de los <i>sujetos pasivos</i>, desde donde puede llegar a ser confinado en espacios donde compartirá otros envejecimientos, y cuya precariedad de estímulos vitales condiciona un <i>estado de ánimo</i> que conduce al desaliento, la desesperanza y la depresión. </p><p align="justify"><strong>Frente a una visión totalmente negativa del <i>envejecimiento</i></strong>, y desde la asunción de la <i>vulnerabilidad</i>, el progresivo <i>deterioro</i> <i>biológico</i> y la intrínseca <i>caducidad</i> del cuerpo humano, quizá la postura más razonable sea la de <strong>propiciar en el estilo de vida seguido el mantenimiento del mayor grado de <i>bienestar</i></strong> (físico, mental y social), dadas las circunstancias, que haga posible vivir una <i>vejez</i> en la que domine un <i>estado de ánimo</i> <i>sereno</i> (aunque, como aconsejó Cicerón en su <i>De senectute</i>, “con el espíritu en tensión como un arco”) que, desde la natural decadencia, permita vivir, con curiosidad y dignidad, sin demasiado ruido (Cristóbal Pera, <i>Pensar desde el cuerpo</i>. <i>Ensayo sobre la corporeidad humana</i>, Ed. Triacastela, 2006). Al fin y al cabo (como escribió con ironía Jaime Gil de Biedma en el primer verso de uno de sus poemas <i>Antes de ser maduros. Las pasiones del verbo</i>, Ed. Mondadori, 2001) “envejecer tiene su gracia”, ya que nos procura “una segunda naturaleza”. </p> ]]></description>
<date>3/10/2008</date>
<time>6:37:00 AM</time>
<link><![CDATA[ http://www.bloglandia.com/salud/?view=plink&id=231 ]]></link>
<id>231</id></item>
<item>
<title><![CDATA[Los asesinatos machistas como epidemia memética ]]></title>
<description><![CDATA[<img hspace="5" src="/salud/images/otelo.jpg" align="left" border="0" /><p align="right">“Desdémona: <i>Adiós.<br />El Señor me ampare,<br />y haga que el maltrato<br />de mi marido<br />produzca en mí<br />virtudes, y no vicios</i>”<br />(Otelo,<br />Acto IV, Escena III) </p><p align="justify">El martes 26 del pasado Febrero de 2008, y en tan sólo veinticuatro horas, la llamada <strong><i>violencia de género</i></strong>, en realidad una <strong><i>violencia machista</i></strong>, alcanzó en España cotas dramáticas al producirse, en cuatro puntos distintos de nuestra geografía, cuatro asesinatos de mujeres a manos de sus antiguas parejas masculinas. “En lo que va de año han muerto ya 17 mujeres, cuatro más que el año pasado por estas fechas, lo que indica que, aunque la <i>Ley Integral</i><i> contra la Violencia de Género </i>del 2004 ha ayudado a que el problema salga a la luz, es necesario revisar su funcionamiento y adoptar nuevas medidas” (Diario El País). </p><p align="justify">La mayoría de estos asesinatos no han ocurrido en los íntimos espacios dedicados, en principio, a la convivencia de una pareja, por lo que no son, en sentido estricto, <i>violencia doméstica</i>, aunque sí violencia engendrada en este ámbito, porque el prepotente agresor masculino está ya separado físicamente de su pareja, la víctima, incluso bajo <i>alejamiento judicial</i>, cuando la aborda por sorpresa, y la asesina. </p><p align="justify">¿Qué grave <i>desvarío</i> arrastra al potencial asesino a centrar compulsivamente toda su diario malvivir en la búsqueda del momento propicio para destruir dramáticamente la vida de su ex pareja? </p><p align="justify">Variadas pueden ser las causas de este desvarío: ¿Por <strong><i>despecho</i></strong> (“Malquerencia nacida en el ánimo por desengaños sufridos en la consecución de los deseos o en los empeños de la vanidad”), por <strong><i>celos</i></strong> (“Sospecha, inquietud y recelo de que la persona amada haya mudado o mude su cariño, poniéndolo en otra”), por <strong><i>venganza</i></strong> (“Satisfacción que se toma del agravio o daño recibidos”) o bien por <strong><i>resentimiento</i></strong>? Todos estos estados emocionales se resumen en una siniestra alquimia de <strong><i>sentimientos anormales</i></strong> (Carlos Castilla del Pino, <i>Teoría de los Sentimientos</i>, Tusquets, 2000) <strong>que buscan la destrucción del sujeto odiado</strong>, presunto causante del menosprecio que cree ha recibido, sentimientos en los que <i>las emociones malsanas</i> ahogan todo el discurso razonable, aunque, en mi opinión, con un fuerte predominio del <i>resentimiento</i>. </p><p align="justify">Porque frente a la generosidad extrema del amor, el <strong>resentimiento</strong> es un sentimiento nada generoso, de ira contenida, de indignación soterrada, una y otra vez evocado, que acaba siendo una pasión incubada y clavada en el alma de aquel que la padece, quien se considera víctima de un acontecimiento que percibe como injusto, por lo que se siente &quot;herido&quot;, humillado y ofendido por otro o por otros y, al mismo tiempo, impotente para descargar, por el momento, su frustración y su latente hostilidad contra el presunto ofensor. Con el paso del tiempo, el <i>resentimiento</i>, revivido repetidamente, en lugar de atenuarse se incrementa. Cuando el <i>resentimiento</i> no es controlado a tiempo, el <i>resentido</i>, espoleado por esta pasión, cuando encuentra por fin, tras un aplazamiento más o menos largo, la ocasión propicia para actuar, lo hace mediante una reacción violenta, como ocurre con el asesinato machista dentro de la violencia de género (Cristóbal Pera. <i>Pensar desde el cuerpo</i>. <i>Ensayo sobre la corporeidad humana</i>, Ed.Triacastela, 2006). </p><p align="justify">¿Cómo se explica que, a pesar de algunas predicciones emitidas en el año 2005, tras la aprobación de la citada Ley orgánica, apoyadas estadísticamente en un leve descenso del índice epidémico de mortalidad y de las denuncias de violencia de género desde el año 2004, se asista a este llamativo y dramático incremento de los asesinatos de claro trasfondo machista? </p><p align="justify">¿No será que estamos ante una invasión de esos hipotéticos <i>memes</i>, de esas “unidades de imitación” que encuentran un terreno muy apropiado para su masiva replicación en el universo mediático, antes de invadir, como <i>virus de la mente</i>, el cerebro humano? </p><p align="justify">Desde que Richard Dawkins, en su libro <i>El Gen egoísta</i> (The Selfish Gen), acuñara en 1976 el término <i>meme</i> definido como “unidad de imitación”, análoga, funcional y fonéticamente al <i>gen</i> (entendido éste como la unidad genética de la evolución biológica), el interés por este <i>concepto cultural</i> no dejó de incrementarse y propagarse, auque en los últimos tiempos haya decrecido. </p><p align="justify">Desde el punto de vista de su contenido cultural, el <i>meme</i> ha sido concebido como “unidad de transmisión cultural” (D. Dennett), mientras que el <i>Oxford English Dictionary</i> lo define como “elemento de una cultura cualquiera digno de ser transmitido por procedimientos no genéticos, sobre todo por imitación”. Esta última palabra (<i>imitación</i>) puede ser palabra clave en el problema de la violencia machista que asesina. </p><p align="justify">La expansión de los “memes” (afincados, no se sabe cómo, en el cerebro y, operativamente, en el lenguaje hablado, escrito y figurativo) ha determinado que la tesis que concibe al cuerpo humano como una “construcción ideológica”, diera paso a la teoría de su “construcción memética” por el mecanismo de la imitación. </p><p align="justify">Sea como sea, los modelos resultantes de la “construcción ideológica / memética” del cuerpo humano en el seno de la sociedad en la que vive y convive, y de la persona allí encarnada como sujeto de ideologías diversas, son muy variados y se pueden clasificar desde muy diferentes perspectivas:<br />- El <i>cuerpo icónico</i> según el canon de belleza dominante;<br />- el <i>cuerpo vestido y adornado</i> (la moda en el vestir como representación memética dominante y la moda del cuerpo adornado con tatuaje y “piercing”);<br />- el <i>cuerpo modificado</i> (objeto tanto de la cirugía cosmética como de la ablación ritual);<br />- el <i>cuerpo en movimiento</i> (la danza y el deporte);<br />- el <i>cuerpo patriótico</i> (que pretende &quot;representar&quot; paradigmáticamente una identidad nacional);<br />- el <i>cuerpo consagrado</i> a una instancia superior (dios, etnia o partido) hasta llegar incluso al martirio;<br />- el <i>cuerpo enfermo</i>;<br />- el <i>cuerpo en venta</i>;<br />- y, desde luego, el <i>cuerpo sumiso de la mujer</i>, que tiene sus raíces en milenarias <i>culturas machistas</i>, aún presentes, por desgracia, en nuestro tiempo. En pleno siglo XXI, la patética sumisión de millones de cuerpos femeninos, mutilados íntimamente y con su personal apariencia físicamente velada, como cuerpos enclaustrados y marginados socialmente, presupone el férreo dominio ideológico de una versión enfebrecida de la cultura islámica. </p><p align="justify">La metáfora de la <i>invasión de los virus biológicos</i> para describir la propagación epidémica de los <i>memes</i>, cabe admitir que cuando éstos alcanzan un &quot;punto de inflexión&quot;, sus consecuencias pasan, rápida e inopinadamente, desde una situación en la que éstas son <i>hechos aislados</i>, apropiados para las páginas de “sucesos”, a otra por la que puede calificarse, por la amplitud de su propagación, de una <i>verdadera epidemia</i> . Esto lo que está sucediendo probablemente con la<strong> <i>epidemia de asesinatos</i> a manos de la <i>violencia machista</i>.</strong> </p><p align="justify">Estamos, sin duda, ante una nueva emergencia, en una sociedad democrática que propugna la igualdad de géneros, de la milenaria e injusta concepción del predominio masculino en las relaciones de poder, de la posesión y sumisión, entre ambos <i>sexos</i> y <i>géneros</i>, cuya <i>deconstrucción</i>, como paso previo a una situación más justa, no es nada fácil. </p><p align="justify">En la escena III del Acto IV de Otelo, la paradigmática tragedia de Shakespeare, en la que los personajes son Emilia, la mujer de Yago, y Desdémona, la esposa de Otelo, las rebeldes reflexiones de Emilia (“Pero la culpa es de los maridos”… “cierto que somos benignas de condición, pero capaces de ira …conforme nos traten así seremos”) contrastan con la actitud, resignada y sumisa, de Desdémona. </p><p align="justify">En los dos versos que cierran la famosa escena, lo que más le importa a Desdémona, mientras aguarda con resignación que regrese Otelo para cumplir su amenaza de muerte, tras invocar el amparo del Cielo (“Good night. Good night. Heaven me such uses send”) es que “el maltrato de su marido produzca, al menos, virtudes y no vicios”. </p><p align="justify"><strong>Una resignación de raíz cultural</strong>, en su más amplio sentido, que parece estar presente todavía en muchos comportamientos sociales al comprobar que, en pleno siglo XXI, <strong>un 70% de las mujeres que habían reconocido estar sometidas al maltrato de su pareja no denunciaron al agresor.</strong> </p> ]]></description>
<date>3/3/2008</date>
<time>9:25:00 AM</time>
<link><![CDATA[ http://www.bloglandia.com/salud/?view=plink&id=230 ]]></link>
<id>230</id></item>
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<title><![CDATA[Penetraciones sin huella externa en el “cuerpo herido” por el cirujano ]]></title>
<description><![CDATA[<p align="right"><img hspace="5" src="/salud/images/cirugiasinincision.jpg" align="left" border="0" />“<i>En el acto quirúrgico cruento,<br />el cirujano, al penetrar<br />en el espacio anatómico del paciente,<br />hasta entonces cerrado,<br />abre las cubiertas que</i> <em>ocultan<br />los hechos patológicos</em>.” </p><p align="right">(Cristóbal Pera,<br /><i>El cuerpo herido.<br />Un diccionario filosófico de la Cirugía</i>,<br />Acantilado, 2003) </p><p align="justify">En los últimos meses se viene asistiendo a la apresurada exhibición mediática de intervenciones quirúrgicas, con el marchamo de insólitas y con la pretensión de pioneras, realizadas sobre órganos de la cavidad abdominal, en las que la <i>penetración quirúrgica en el espacio corporal</i> del paciente, para llegar hasta el órgano objetivo del acto operatorio, evita totalmente la <i>incisión </i>o <i>herida operatoria</i> sobre la pared abdominal y la consiguiente <i>cicatriz</i>, como <i>huella externa</i> de dicha herida, aunque el resultado final de la operación sea, como tras todo <i>acto quirúrgico </i>cumplido, un “cuerpo herido” en su interioridad, con finalidad curativa o paliativa. </p><p align="justify"><strong>La novedad de la <i>penetración quirúrgica</i> estriba en que se hace a través de los <i>orificios naturales</i> del cuerpo humano </strong>(boca, ano, introito vaginal, uretra peneana) aprovechando unas vías bien conocidas por los especialistas médicos que han contribuido durante años a desarrollar una sofisticada <i>tecnología endoscópica</i> (los <i>endoscopistas</i>), introducida por dichos <i>orificios naturales</i>, la que les permite ver con precisión el interior de los órganos huecos, e incluso realizar sobre ellos mínimas intervenciones, como una biopsia o el control de una hemorragia. </p><p align="justify">Una vez bien consolidada la opción técnica conocida como <strong><i>cirugía laparoscópica</i></strong> (descrita como “mínimamente invasiva“, debido a la <i>mínima</i> longitud de las varias <i>incisiones </i>en la pared abdominal que permiten penetrar con varios instrumentos, para <i>ver</i> y <i>actuar </i>a distancia en órganos de la cavidad peritoneal) se ha planteado, teórica y prácticamente, el siguiente reto: eliminar<i> toda incisión externa</i>, lo que conduciría a una <strong><i>cirugía sin incisión </i>o <i>sin cicatriz</i>, utilizando en su lugar los <i>orificios naturales</i> del cuerpo humano</strong> para la <i>penetración quirúrgica en la cavidad abdominal</i> mediante los <i>instrumentos endoscópicos</i>, hasta alcanzar la luz de órganos huecos digestivos (como el estómago y el colon) o del aparato genital, femenino (vagina) o masculino (vejiga). </p><p align="justify">Una vez dentro del órgano hueco elegido (estómago, vagina, colon), la penetración quirúrgica en la cavidad peritoneal libre se consigue mediante mínimas incisiones en sus paredes viscerales (esta es la fase <i>transluminal</i> del azaroso trayecto), hasta alcanzar el <i>órgano objetivo</i> de la intervención quirúrgica: vesícula biliar, asas intestinales, apéndice vermiforme u otro (colecistectomìa, apendicectomía, anastomosis gastroyeyunal, etc.). Este recorrido <i>transluminal</i> de la penetración puede ser, en principio, <i>transgástrica</i>, <i>transcolónica</i>, <i>transvaginal </i>e, incluso, <i>transvesical</i>, según el órgano hueco atravesado. </p><p align="justify">Realizada la intervención quirúrgica en la cavidad peritoneal, cuando se trata de la extirpación de un órgano, éste (una vesícula biliar con sus cálculos, por ejemplo) ha de ser extraído del espacio corporal a través de uno de sus <i>orificios naturales</i> (la boca, la vagina o el ano), una maniobra que rememora la imagen del <i>cuerpo grotesco</i>, tal como lo describiera el semiólogo ruso Mikhail Bakhtin (<i>Pensar desde el cuerpo. Ensayo sobre la corporeidad humana</i>, Triacastela, 2006), un cuerpo en el que el énfasis se coloca en sus orificios. Este carácter <i>grotesco</i> se acentúa cuando la noticia es titulada, con cierta rudeza impactante, en los medios de comunicación: “Primera extracción de vesícula biliar por la boca“, “A través de la boca” o “Le extirpan la vesícula por la boca”. </p><p align="justify">Para un mejor juicio acerca de las posibilidades de esta <i>cirugía abdominal realizada mediante la penetración por los</i> <i>orificios naturales,</i> “he aquí algunos detalles exactos” de este proceso en marcha, desde los puntos de vista experimental, tecnológico y clínico: </p><p align="justify">En el año 2004 Anthony Kalloo, del <i>Johns Hopkins Hospital</i>, en Baltimore, EEUU, publicó un breve artículo en <i>Gastrointestinal Endoscopy</i>, en el que comunicaba que en el cerdo era factible, penetrando con un endoscopio por la boca hasta el estómago, alcanzar la cavidad peritoneal a través de una breve incisión en la pared gástrica, y realizar una biopsia hepática. Este trabajo experimental abrió el camino a la cirugía que se conoce actualmente con las siglas <i>NOTES (“Natural Orifices Translumenal Endoscopic Surgery”)</i> o <i>Cirugía Endoscópica Transluminal por Orificios Naturales</i>. </p><p align="justify">En el año 2005 la revista <i>Gastrointestinal Endoscopy</i> publica un editorial titulado “<i>Cirugía transgástrica en el abdomen: ¿La aurora de una nueva era?” </i>en el que subraya el <i>carácter multidisciplinario</i> de esta nueva cirugía, que exige la delimitación de nuevas fronteras y métodos de colaboración entre <i>gastroenterólogos endoscopistas</i> y <i>cirujanos gastrointestinales</i>. </p><p align="justify">En ese mismo año 2005, la <i>American Society</i><i> of Gastrointestinal Endoscopy</i> (<i>ASGE)</i> y la <i>Society</i><i> of American Gastrointestinal Endoscopic Surgery</i> <i>(SAGES) </i>elaboran un <i>Libro Blanco</i> sobre la NOTES. La esporádica comunicación de intervenciones quirúrgicas realizadas por esta nueva vía de penetración continúa, aunque en algunas se combina la <i>vía de los orificios naturales</i> con la ya establecida <i>vía laparoscópica</i>, intervenciones calificadas por sus autores de “híbridas”. </p><p align="justify">Pronto se hizo evidente que la vía de penetración más utilizada (<i>por la boca hasta la cavidad gástrica</i>) presentaba una serie de problemas técnicos para los que era necesario buscar soluciones específicas:<br />a) Un cierre seguro de la incisión en la pared del estómago que permite acceder a la cavidad peritoneal,<br />b) Prevenir la contaminación e infección del peritoneo;<br />c) Desarrollar dispositivos mecánicos para suturar las anastomosis;<br />d) Mejorar la orientación espacial del cirujano.<br />En definitiva, eran necesarios nuevos instrumentos. Estas son las razones por las que se producen alianzas entre las sociedades profesionales de endoscopistas y cirujanos y la potente industria tecnológica médica. </p><p align="justify">En este proceso en marcha, <strong>no basta con demostrar que las nuevas <i>vías de penetración en la cavidad abdominal por los orificios naturales </i>son factibles, sino que hay que probar, con exigencia científica y mucha prudencia,que es segura para el paciente</strong>, beneficiosa por sus resultados cuando se compara con otras opciones técnicas consolidadas, como la <i>cirugía laparoscópica</i>, y eficiente en su relación coste/beneficios. </p><p align="justify">Prescindir totalmente de las <i>incisiones </i>en la pared abdominal para penetrar en el abdomen, no sólo para evitar la <i>cicatriz,</i> sino, en el caso de <i>incisiones amplias,</i> para eludir respuestas biológicas inconvenientes en el periodo post-operatorio inmediato, que lo alargan y lo hacen más doloroso, puede ser un objetivo <i>deseable</i>, aunque no pueda negarse que la <i>cirugía laparoscópica,</i> con sus <i>incisiones mínimas</i>, lo ha conseguido en gran medida. </p><p align="justify"><strong>Extraer los órganos extirpados en el espacio corporal por <i>orificios naturales</i></strong>, como la boca y la vagina, no deja de ser una <i>imagen grotesca</i> aunque <i>aceptable</i> en aras de muy significativos beneficios para el paciente. </p><p align="justify">Lo que no es, en absoluto, <i>negociable</i> es la <i>seguridad</i> de las maniobras quirúrgicas realizadas en un espacio operatorio mínimo, sobre todo en lo que se refiere al cierre de la brecha producida en la pared del órgano hueco que ha sido traspasado para llegar a la cavidad peritoneal, al control de una hemorragia y a la prevención de la infección peritoneal. A la resolución de estos problemas las sociedades profesionales implicadas y la industria tecnológica médica están dedicando una especial atención y una enorme inversión económica (<i>The Economist</i>, “Turning surgery inside out” 7 Junio, 2007). Esta es, de momento, la gran cuestión. </p> ]]></description>
<date>2/25/2008</date>
<time>9:50:00 AM</time>
<link><![CDATA[ http://www.bloglandia.com/salud/?view=plink&id=229 ]]></link>
<id>229</id></item>
<item>
<title><![CDATA[La calidad de una vida longeva depende de la fragilidad del cuerpo ]]></title>
<description><![CDATA[<img hspace="5" src="/salud/images/ancianovangogh.jpg" align="left" border="0" /><p align="right">“<i>El cuerpo<br />-cada día más pegado a la tierra<br />a cuestas con el<br />“peso creciente de los años-<br />arrastra su pesantez a duras penas,<br />cansino e inestable</i>…”<br />(Cristóbal Pera,<br /><i>Pensar desde el cuerpo</i>) </p><p align="justify">En dos artículos publicados por sendas revistas norteamericanas, en este mes de febrero, sobre el <strong><i>proceso del envejecimiento</i></strong>, en una época en la que la <i>esperanza de vida</i> en los países desarrollados se incrementa, las palabras y los conceptos claves utilizados son <strong><i>longevidad,</i> <i>calidad de vida</i> y <i>fragilidad</i>.</strong> </p><p align="justify">En el primero de estos artículos, publicado en los <i>Annals of Internal Medicine,</i> se analizan los factores que se asocian en los hombres con una <i>longevidad </i>de <strong>90 años o más</strong>, y con la <i>calidad de la vida</i> vivida en esos años finales. La conclusión es que la adopción de un <i>estilo de vida</i> <i>saludable</i> en los años previos a la ancianidad se asocia no solamente con una <i>vida longeva</i> en la que la supervivencia alcanza al menos los 90 años, sino también con una aceptable <i>calidad de vida</i> durante esta excepcional <i>longevidad</i>. </p><p align="justify">En el segundo artículo, publicado en el <i>Journal of American Medical Association</i> se revisa la definición de lo que se viene denominando en las últimas décadas el <strong><i>síndrome de la fragilidad </i>asociado al proceso del <i>envejecimiento</i></strong>, y se sugiere que todas aquellas acciones e intervenciones, incluidas en un <i>estilo de vida saludable</i>, que aminoren y retrasen el comienzo de los hechos que delatan a la <i>fragilidad del cuerpo anciano</i> (un estado de mayor <i>vulnerabilidad</i> que precede al inicio de una progresiva <i>incapacidad</i>) incrementan la <i>esperanza de vivir una vida activa</i> y de <i>calidad</i>, en el caso de que se alcance la <i>longevidad</i>. </p><p align="justify">El término y el concepto de <i>fragilidad</i> (“frailty” en inglés) aparece en la literatura médica allá por el año 1991 y, desde entonces, el número de trabajos publicados sobre este problema geriátrico crece exponencialmente. ¿Qué se entiende hoy por <i>fragilidad</i> o por el <i>síndrome de fragilidad</i> asociado con el proceso fisiológico del <i>envejecimiento</i>? </p><p align="justify">La <strong><i>fragilidad </i>de un <i>cuerpo anciano</i></strong> se hace aparente al verle caminar con lentitud, con paso cansino y arrastrado, casi “a duras penas”, y con algunas dificultades para mantener su equilibrio corporal. Esta primera impresión de fragilidad en el cuerpo del anciano en movimiento se completa con otros síntomas y signos de deterioro anatómico y funcional: no tiene apetito y su imagen de cuerpo desnutrido se acentúa al comprobarse una pérdida manifiesta de su masa muscular (<i>sarcopenia</i>) asociada, como demuestra la exploración pertinente, con una importante disminución de la densidad mineral ósea (<i>osteopenia /osteoporosis</i>). En suma, el <i>anciano frágil</i> se encuentra en un estado de intensa <i>penuria</i> <i>anatómica y fisiológica</i>, que le convierte en <i>persona muy dependiente</i> de la ayuda de otros. </p><p align="justify">¿Es esta <i>fragilidad</i> relacionada con el proceso fisiológico del <i>envejecimiento</i> un <i>síndrome biológico </i>(entendido como un conjunto de signos y síntomas) como sostienen algunos, o bien un déficit complejo, funcional y anatómico, relacionado con la avanzada edad, que incrementa la <i>vulnerabilidad </i>del anciano, el cual debe ser interpretado como un mal presagio sobre la <i>calidad </i>y de la <i>esperanza de vida</i> que le queda por vivir? </p><p align="justify">Para los que aceptan el concepto de la <i>fragilidad</i> del anciano como <i>síndrome</i>, éste se diagnosticaría ante la presencia de, al menos, tres de los siguientes cinco componentes, que se potencian entre sí: <i>pérdida de peso no intencionada</i>, <i>paso lento</i>, <i>agotamiento</i>, <i>escasa energía </i>y <i>debilidad</i>. Las consecuencias de esta <i>fragilidad </i>son las caídas frecuentes, los traumatismos variados y múltiples, el uso excesivo de medicamentos (polifarmacia), los repetidos ingresos hospitalarios y, como final del proceso de deterioro, las infecciones repetidas, una incapacidad creciente para realizar por sí solo las actividades del diario vivir, y la muerte. </p><p align="justify">Aunque una distinción precisa entre <i>fragilidad del anciano </i>y <i>envejecimiento</i> es casi imposible, dada la íntima asociación entre ambos procesos, no obstante, mantener el concepto de <i>fragilidad </i>puede ayudarnos a entender mejor la complejidad de los factores responsables del progresivo <i>deterioro corporal </i>que se asocia con el <i>envejecimiento cronológico</i>, aunque con un ritmo diferente de unos individuos a otros. Porque es bien cierto que la <i>edad cronológica</i> es solo una primaria e imprecisa aproximación a la evaluación de la <i>vulnerabilidad</i> de una persona anciana ante circunstancias adversas, ya que mientras algunas personas se nos presentan como <i>cuerpos frágiles</i> apenas cumplidos los 70 años, otras no muestran signos y síntomas de <i>fragilidad </i>incluso una vez alcanzados los 90 años. </p><p align="justify">La característica fundamental del <strong><i>síndrome de fragilidad</i>, que permite distinguirlo del <i>envejecimiento</i></strong> en sentido estricto, es la posibilidad de que muchos de sus deterioros anatómicos y funcionales, con sus negativas consecuencias para el vivir cotidiano, pueden ser prevenidos, tratados y aliviados: por ejemplo, procurando la mejora del estado nutritivo del individuo y recuperando su capacidad física, mediante ejercicios destinados a potenciar la resistencia muscular. </p><p align="justify">“<i>Viejo pero no frágil: un asunto de corazón y cabeza</i> (“Old but no Frail: A Matter of Heart and Head”) era el expresivo titulo de un artículo firmado por Gina Kolata sobre la <i>fragilidad</i> publicado en el <i>New York Times</i> del 5 de Octubre del año 2006, en el que se hace hincapié en la <strong>necesidad de distinguir entre el ineludible deterioro biológico del <i>envejecimiento</i> y la, hasta cierto punto, prevenible <i>fragilidad </i>del cuerpo</strong> que anula la posibilidad de vivir una vida longeva que valga la pena ser vivida, mediante la adopción, a lo largo del ciclo vital y en las primeras etapas de la ancianidad, de estilos de vida saludables. </p> ]]></description>
<date>2/18/2008</date>
<time>7:56:00 AM</time>
<link><![CDATA[ http://www.bloglandia.com/salud/?view=plink&id=228 ]]></link>
<id>228</id></item>
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<title><![CDATA[La gota, clásica “enfermedad de señores”, se democratiza ]]></title>
<description><![CDATA[<p align="right"><img hspace="5" src="/salud/images/gota.jpg" align="left" border="0" />“<i>La gota confería dignidad,<br />porque como<br />señor de las enfermedades<br /></i><i>y enfermedad de señores,<br />indicaba pedigrí <br />y buena cuna<br />y era reconocida<br />como el precio a pagar por<br />un estilo de vida superior</i>”<br />(Roy Porter) </p><p align="justify">Un grupo de investigadores canadienses y estadounidenses ha llegado a la conclusión, tras el largo seguimiento de una población de algo más de 45.000 hombres, todos ellos profesionales de la salud, que el <strong>consumo abundante de bebidas refrescantes edulcoradas con abundante <i>fructosa</i></strong> (CocaCola, PepsiCola y otras), así como de<strong> frutas frescas y zumos de frutas ricos en <i>fructosa</i></strong>, se asocia, de manera significativa, con el comprobado incremento de la <strong><i>enfermedad de la gota</i></strong> en los hombres. </p><p align="justify">Previamente había sido demostrado que la <strong><i>fructosa</i></strong> aportada en la dieta aumenta de modo inmediato la concentración de <strong><i>ácido úrico</i></strong> en el plasma sanguíneo (<i>hiperuricemia</i>) al utilizar en el hígado el ATP (<i>adenosintrifosfato</i>) para su propio metabolismo; en este proceso metabólico de la <i>fructosa </i>el ATP se convierte en AMP (<i>adenosinmonofosfato</i>), que es ya un precursor químico del <i>ácido úrico</i>. </p><p align="justify">A la hora de aplicar estos hallazgos epidemiológicos en el contexto europeo, conviene subrayar, como hace el <i>British Medical Journal</i>, que en los Estados Unidos las bebidas refrescantes no alcohólicas (<i>soft drinks</i>) suelen ser son edulcoradas con un <i>sirope de maíz</i> manipulado químicamente para alcanzar un elevado contenido en <i>fructosa</i> (un 55% frente al 45% de glucosa), sirope conocido en Europa como <i>isoglucosa</i>. En el resto del mundo son edulcoradas con sucrosa, un disacárido de <i>fructosa</i> y <i>glucosa</i>. </p><p align="justify">La <i>gota</i> es, históricamente, una vieja enfermedad, conocida ya en la Medicina griega, al menos desde el punto de su apariencia clínica, como <i>podagra</i> (literalmente “agarrar el pie”), según parece descrita por el propio Hipócrates en el siglo V a.C., e incluida por el erudito romano Celso, que vivió en el siglo I de la era cristiana, en los libros II y XVIII de su enciclopédica <i>De Medicina</i>, con ese mismo nombre latinizado. </p><p align="justify">En la Europa que “transitaba tumultuosamente de la Edad Media a la Edad Moderna, la <i>gota</i> era una enfermedad que incapacitaba físicamente a muchos personajes relevantes de la época”, desde el sabio humanista Erasmo de Rótterdam (1446-1536) al emperador <a href="/salud/?view=day&blogDate=9/18/2006">Carlos V de Alemania y I de España (1516-1556) quien, según se dice, “comía con insaciable apetito”</a> y, un siglo más tarde, a Thomas Sydenham (1624-1689), el gran médico inglés autor de un clásico <i>Tratado sobre la Gota</i>, en el que describe con maestría la intensa crisis dolorosa en el pie (podagra) que estalla inopinadamente durante el sueño nocturno. </p><p align="justify">La <i>gota</i> (“gout”) era, en la Inglaterra georgiana de los siglos XVIII y XIX, una <i>enfermedad </i>considerada socialmente como “buena”, frente a la locura maníaca (“madness”) como ejemplo de “mala enfermedad”. Una enfermedad frecuente en personas de muchos posibles, consumidores compulsivos de carnes rojas y de bebidas alcohólicas, con un estilo de vida muy sedentario -desde reyes y príncipes hasta patricios y humanistas– calificada como la <i>enfermedad de los señores</i> (“disease of lords”) -como ha escrito Roy Porter, profesor de Historia social de la Medicina en el University College de Londres- al describir su <i>prevalencia</i> social en aquella época, motivo, también, de interpretaciones cómicas y caricaturescas de médicos y de enfermos, representados los gotosos como rubicundos comilones repantigados en un sillón mientras beben vino con el dolorido pie en alto, cubierto por un aparatoso vendaje. </p><p align="justify">La <strong>relación entre <i>gota</i> y el <i>ácido úrico</i></strong> y el papel nocivo de la <strong>ingestión excesiva de <i>proteínas animales</i></strong> (carnes rojas y vísceras), asociada al <strong>inmoderado consumo de alcohol</strong>, era ya conocida en el siglo XIX, pero no fue hasta mediados del pasado siglo cuando se desentrañaron las varias secuencias bioquímicas que conducían a la presencia del <i>ácido úrico</i> en la sangre circulante como producto final del metabolismo de las <i>purinas </i>(adenina, guanina, hipoxantina y xantina) y al mantenimiento de su concentración en la sangre (<i>uricemia</i>) en niveles saludables, cuando se produce su acompasada eliminación por la orina. </p><p align="justify">Cuando aumenta la concentración en la sangre del <i>ácido úrico</i> (<i>hiperuricemia</i>) las sales de éste, conocidas como <i>uratos</i>, cristalizan en unas formas puntiagudas que se depositan en los tejidos que rodean a las articulaciones, con preferencia por las del primer dedo o dedo gordo del pie, provocando la <i>artritis gotosa</i>, una inflamación articular extremadamente dolorosa. </p><p align="justify">Ahora, en pleno siglo XXI, la <i>enfermedad de la gota</i> ha cambiado de estereotipo médico y social con respecto al <i>paciente</i> que la sufre y a su <i>estilo de vida</i>. Ya no es la combinación de abundante carne roja, alcohol y vida sedentaria la que conduce a un incremento excesivo del <i>ácido úrico</i> en la sangre y a su deposición en las articulaciones, sobre todo del dedo gordo del pie, sino que bastaría el <strong>excesivo aporte de un azúcar, la <i>fructosa</i>, a través de bebidas refrescantes</strong> ampliamente consumidas por la población, para poner en marcha el trastorno metabólico que hace posible que la vieja “enfermedad los señores” sea ahora una “enfermedad del pueblo llano”. </p> ]]></description>
<date>2/11/2008</date>
<time>9:03:00 AM</time>
<link><![CDATA[ http://www.bloglandia.com/salud/?view=plink&id=227 ]]></link>
<id>227</id></item>
<item>
<title><![CDATA[La cirugía bariátrica y sus riesgos ]]></title>
<description><![CDATA[<p align="right"><i><img hspace="5" src="/salud/images/obesidadmorbida.jpg" align="left" border="0" />La epidemia de la obesidad<br />en los EE.UU. ha propiciado<br />una segunda epidemia:<br />la cirugía bariátrica.</i></p><p align="right">Robert Steinbrook<br /><i>NEJM,</i> Marzo 2004</p><p align="justify">Dos noticias leídas la pasada semana en la prensa diaria y un editorial de la muy prestigiosa revista <i>Gastroenterology</i> traen a colación los <strong>riesgos de la cirugía dirigida a la reducción de la obesidad, conocida como c<i>irugía bariátrica</i></strong>, en creciente expansión. En el texto recién publicado en <i>Gastroenterology</i>, se recomienda extremar la prudencia a la hora de establecer la indicación quirúrgica, a veces aconsejada de modo impersonal, sin tener en cuenta <strong>riesgos y beneficios para la salud del paciente</strong>, y costes económicos. </p><p align="justify">Las diversas opciones técnicas de la <i>cirugía bariátrica</i> tienen como objetivo reducir el aporte de calorías al organismo modificando la anatomía del tubo digestivo. Estas técnicas se clasifican como <i>restrictivas</i> y <i>malabsortivas</i>: los <i>procedimientos restrictivos</i> limitan el aporte de alimentos restringiendo la capacidad del reservorio gástrico y reduciendo el orificio de salida para retrasar su vaciamiento, con lo que se adelanta la sensación de <i>saciedad</i>, mientras que los <i>procedimientos malabsortivos</i> construyen <i>derivaciones</i> (<i>by-pass</i>) que eluden el paso de los alimentos por las áreas de la mucosa intestinal donde tiene lugar la absorción de sus elementos nutrientes. </p><p align="justify">Si bien es muy cierto que los diversos procedimientos técnicos de la <i><a href="http://www.saludlandia.com/default.asp?Pv_con=13156">cirugía bariátrica</a></i> son más efectivos que el tratamiento médico para reducir el peso corporal, existen muchas cuestiones aún no resueltas (nuestros conocimientos sobre la <i>obesidad</i> son aún rudimentarios, aunque se han hecho progresos en la última década), las cuales justifican esta llamada de atención sobre la excesiva relajación que se viene produciendo a la hora de establecer la indicación quirúrgica en los pacientes obesos. </p><p align="justify">Ante esta situación conviene recordar que toda operación quirúrgica es esencialmente un <i>acto agresivo</i> para el paciente, aunque el objetivo final pretenda ser de utilidad terapéutica, sea <i>curativa</i> o <i>paliativa</i>. Un acto agresivo en el que un cierto grado de <i>destrucción</i>, en mayor o menor medida, precede a la <i>construcción</i> y, en consecuencia, en el que deben valorarse beneficios y riesgos (Pera, C.<i> El cuerpo herido. Un diccionario filosófico de la cirugía</i>. Acantilado, 2003). </p><p align="justify">Porque, como subraya el editorial de <i>Gastroenterology</i>, aunque la mortalidad asociada la intervención quirúrgica se estima entre 0,1%-2%, <strong>“las complicaciones post-operatorias de la <i>cirugía de la obesidad</i> son frecuentes”.</strong> </p><p align="justify">La <i>cirugía bariátrica</i> es, en opinión del editorialista de <i>Gastroenterology</i>, una opción viable para algunos pacientes obesos, pero no puede ser el tratamiento primario para la gran mayoría de estos pacientes. Como tal opción, la <i>cirugía bariátrica</i> provoca una pérdida de peso a largo plazo, mejora el estilo de vida y, excepto en lo que se refiere a la hipercolesterolemia, también mejora los factores de riesgos elevados antes de la intervención. </p><p align="justify">Ya en el año 2003, Robert Steinbrook, profesor de Medicina comunitaria en la Darmouth Medical School, había recordado, también en <i>The New England Journal of Medicine</i>, que “<strong>la <i>cirugía bariátrica</i> <i>no es</i> <i>cirugía cosmética</i></strong>, sino que se trata de cirugía gastrointestinal mayor, realizada en pacientes extremadamente voluminosos, cuya obesidad implica riesgo de complicaciones y de muerte tras la intervención quirúrgica, derivados tanto de los problemas asociados con dicha obesidad como de la propia agresión quirúrgica”. </p><p align="justify">Para que la paulatina <i>destrucción</i> <i>quirúrgica</i> del <i>espacio corporal</i> en desmesura, que es lo que se pretende con unas técnicas que alteran la anatomía y la fisiología digestiva, sea <i>benéfica</i> para el paciente obeso, tanto de modo inmediato como a largo plazo, <strong>es muy necesario que la <i>indicación quirúrgica</i> se establezca y se realice con prudencia y con sosiego. </strong></p> ]]></description>
<date>2/4/2008</date>
<time>8:33:00 AM</time>
<link><![CDATA[ http://www.bloglandia.com/salud/?view=plink&id=226 ]]></link>
<id>226</id></item>
<item>
<title><![CDATA[La cultura de la salud es cultura del cuerpo ]]></title>
<description><![CDATA[<p align="right"><i><img hspace="5" src="/salud/images/Hygeia-Rubens.jpg" align="left" border="0" />“La Cultura es una abstracción simbólica<br />del complejísimo y diversificado<br /></i>artefacto<i> humano”</i> </p><p align="right"><i>“Todas las parcelas de<br />lo que hacen los seres humanos<br />se denominan hoy </i>cultura<i>”</i> </p><p align="right">Cristóbal Pera </p><p align="justify">La <strong>cultura de la salud</strong> en una sociedad determinada es una construcción colectiva dirigida hacia la comprensión de todo lo que se encierra tras el <strong>bienestar y el malestar del cuerpo</strong>, la cual no se deriva, necesariamente, de que dicha sociedad disponga de una amplia, bien dotada y accesible cobertura de asistencia sanitaria, sino que, por el contrario, el buen uso de dicha asistencia depende de que la sociedad haya asumido, individual y colectivamente, una razonable <i>cultura de la salud</i>. </p><p align="justify">Por esta razón, quienes dan por hecho de que a partir de la disponibilidad de un excelente sistema de asistencia sanitaria universal se desarrolla necesariamente una adecuada <i>cultura de la salud</i> en la sociedad de que se trata, cometen un grave error. La <i>cultura de la salud</i> como proyecto educativo, dentro una sociedad concreta, es un proceso en gran parte independiente de la asistencia sanitaria disponible, que ha de transmitirse sin prisas pero sin pausa, mediante palabras claves y breves discursos, complementados con imágenes. </p><p align="justify">La <i>cultura de la salud</i> de una sociedad y de sus ciudadanos debe ser el resultado de <strong>integrar</strong>, con razón y sentimiento, las <strong>tres condiciones intrínsecas a la vida del <i>cuerpo humano</i></strong>, y de la <i>persona </i>en él “encarnada”, como son <strong>la <i>vulnerabilidad</i>, el <i>deterioro biológico</i> y la <i>caducidad</i></strong>, con los tres componentes fundamentales de lo que se entiende como <i>salud,</i> según la definición de la OMS, es decir, “<strong>el <i>bienestar físico</i>, el <i>mental</i> y el <i>social</i></strong>, y no solamente la ausencia de enfermedad”. </p><p align="justify">Porque, al fin y al cabo, <strong>la <i>cultura de la salud</i> es la <i>cultura del cuerpo</i></strong>, construida sobre el conocimiento teórico y la experiencia personal de la realidad biológica del espacio corporal, de su uso apropiado, con sus limitaciones en el tiempo y en el espacio, de las consecuencias negativas derivadas de su largo y continuado uso y de sus abusos, así como de sus relaciones, muchas veces conflictivas, con los otros cuerpos, en variados escenarios y contextos. En este sentido, es evidente que una verdadera <i>cultura de la salud </i>debe ser <i>pensada desde el propio cuerpo</i>. </p><p align="justify">Todo proyecto (como el de <i>Saludlandia.com</i>) que tenga como principal objetivo estimular el desarrollo de una <i>cultura de la salud</i>, desde la asunción de la <i>caducidad</i> del cuerpo, debe poner el acento en hacer todo lo posible por enlentecer su ineludible <i>deterioro biológico</i> y en disminuir su <i>vulnerabilidad </i>(la que abre el camino a la <i>enfermedad</i>), todo ello mediante acciones de <i>prevención</i>, que se encuadran dentro de la llamada <i>Medicina Preventiva, </i>antes de que sea necesario recurrir a acciones cuyo objetivo es la <i>curación</i> o, en su defecto, la <i>paliación</i> del sufrimiento, que son las incluidas en la <i>Medicina Curativa</i> y/o <i>Paliativa</i>. </p><p align="justify">Lo que distingue a la <i>cultura de la salud</i> es su preocupación por los otros problemas que afectan negativamente al <i>triple bienestar, </i>el <i>físico,</i> el<i> mental y </i>el <i>social</i>, a la <i>buena salud</i>, y que no son precisamente la <i>enfermedad</i>, pero que pueden condicionarla: vivienda, estilo de vida, actividad física, dieta, entorno ambiental y social, comunidad y relaciones sociales, estrés laboral, nivel económico, educación, maltrato en el hogar, seguridad en el trabajo, violencia, acoso sexual, etc. Por ello, la <i>cultura de la salud</i> (cuyo paradigma de acción se inscribe dentro del modelo de la <i>medicina biopsicosocial</i>) se interesa y se implica en todos aquellas acciones que procuran mejorar las condiciones biológicas, psíquicas y sociales de una población o sociedad. </p><p align="justify">En una <i>educación para la salud</i>, y en la consiguiente <i>cultura de la salud</i>, debe entenderse que las expectativas de una <i>vida saludable</i> procuradas por un sistema de asistencia sanitaria, para que sean realistas deben partir de dos realidades fundamentales: la <strong>conciencia de la <i>caducidad </i>de la vida personal y de su <i>deterioro progresivo</i></strong> y, desde la asunción de ambas, la<strong> conciencia de su <i>vulnerabilidad</i></strong>, ya que en cualquier momento una <i>enfermedad </i>o un <i>accidente</i> pueden acelerar el <i>deterioro</i> y acortar la <i>esperanza de vida</i>, sobre todo de una <i>vida con calidad</i>, merecedora de ser vivida. </p> ]]></description>
<date>1/28/2008</date>
<time>9:30:00 AM</time>
<link><![CDATA[ http://www.bloglandia.com/salud/?view=plink&id=225 ]]></link>
<id>225</id></item>
<item>
<title><![CDATA[Híbridos, quimeras y clones ]]></title>
<description><![CDATA[<p align="right"><i><img hspace="5" src="/salud/images/minotauro.jpg" align="left" border="0" />“Cada cuerpo humano posee,<br />además de la huella dactilar,<br />una huella genética,<br />la misma para cada célula,<br />tejido, órgano y organismo.” </i><br />(Pera, Cristóbal. <br /><i>Pensar desde el cuerpo</i>,<br />Ed. Triacastela, 2006) </p><p align="justify"><strong><i>Híbridos</i></strong><strong>, <i>quimeras</i> y <i>clones</i> </strong>son tres palabras algo inquietantes, porque al escucharlas o leerlas, no sólo se remueven las aguas calmas de lo que se entiende como “normal” en la <i>reproducción de los seres vivos</i> (sobre todo cuando se trata de los seres humanos) hasta evocar el oscuro territorio donde se dice que habita <i>lo monstruoso</i>, sino que esta inquietud se extiende nada menos que al terreno de la <i>identidad de la persona</i> <i>humana</i>, cuyo huella última se encuentra en su marca genética, en su ADN, y, por consiguiente, alcanza el ámbito de su preciada <strong><i>dignidad</i> como especie</strong>. </p><p align="justify">Tres palabras que, en la pasada semana, han ocupado titulares en la prensa diaria no especializada, que se hacía eco de <i>dos llamativas noticias científicas</i> y sobre cuyos significados el Diccionario de la Real Academia Española no nos saca de muchas dudas, desde el punto de vista biológico: Lo <strong>híbrido</strong> se define como “lo procreado por dos individuos de distinta especie“, la <strong>quimera</strong> como “animal fabuloso o monstruo imaginario que, según la fábula, vomitaba llamas y tenía cabeza de león, vientre de cabra y cola de dragón” o como “aquello que se propone a la imaginación como verdadero no siéndolo”, y el <strong>clon</strong> como un “conjunto de células u organismos genéticamente idénticos, originado por reproducción asexual a partir de una única célula u organismo o por división artificial de estados embrionarios iniciales” Vayamos por las dos noticias científicas: </p><p align="justify">La <i><u>primera noticia</u></i>, procedente del Reino Unido, informaba que la <i>autoridad responsable de la regulación de los temas concernientes a la fertilización y al manejo de embriones humanos</i>, conocida por la siglas HFEA (“Human Fertilisation and Embryology Authority”) había dado luz verde a dos proyectos de investigación que intentaban buscar nuevas fuentes, más productivas, de células madres embrionarias. </p><p align="justify">El <i>primer proyecto</i>, presentado por el <i>Centro para la biología de las células madres y la genética del desarrollo</i>, dependiente de la Universidad de Newcastle Upon Tyne, declara el siguiente objetivo: Derivar líneas de <i>células madres embrionarias</i> a partir de <i>embriones híbridos</i> producidos mediante la técnica conocida como “transferencia nuclear “(implantación del núcleo de una célula somática humana en un óvulo procedente de un animal, al que se le ha extraído su propio núcleo, en el que habita su información genética). En el título en inglés del proyecto no se utiliza la expresión “hybrid embryos” (embriones híbridos), sino el eufemismo “interspecies embryos” (algo así como embriones “a caballo” entre dos especies diferentes), en este caso la <i>humana</i> y la <i>animal</i>, lo que viene a ser lo mismo. </p><p align="justify">El <i>segundo proyecto</i> aprobado por la HFEA había sido presentado por el King's College de Londres, en nombre de su <i>Laboratorio de biología de las células madres </i>y del <i>Wolfson Centre para las enfermedades relacionadas con la edad</i>, con el siguiente objetivo: Generar <i>líneas de células madres humanas embrionarias</i> <i>específicas para determinadas enfermedades</i>, mediante transferencia a óvulos de animales de núcleos de células somáticas que contengan el ADN de individuos con <i>enfermedades degenerativas del sistema nervioso con fuerte carga genética</i>, como las de Alzheimer y de Parkinson, entre otras. El equipo investigador se propone utilizar los abundantes óvulos extraídos de especies domésticas (vacas, conejos, ovejas y cabras) en lugar de los escasos óvulos humanos. En definitiva, este proyecto pretende también crear <i>embriones híbridos entre la especie humana y la animal.</i> </p><p align="justify">¿De qué tipo de <strong><i>embriones híbridos</i> entre lo <i>humano y lo animal</i></strong> se trata en ambos proyectos? </p><p align="justify">La “Human Fertilisation and Embryology Authority” (HFEA) aclara oportunamente que en los dos proyectos el <i>embrión híbrido humano/animal</i> que se pretende crear mediante la <i>transferencia nuclear</i> no sería un <i>embrión híbrido humano/animal </i>“verdadero”, sino un <i>embrión híbrido citoplasmático</i>, ya que si bien el 99% de la información genética (ADN) de este <i>embrión híbrido</i> procedería del núcleo humano transferido, quedaría en él un mínimo remanente de información genética incluida en el óvulo procedente del animal que está localizada en el ADN de las mitocondrias (0,1%). Un <i>“verdadero” híbrido humano/animal</i> sería el creado mediante la fusión de esperma y óvulos, una conjunción que, como recuerda la HFEA, es ilegal. </p><p align="justify">Y es también en este Informe de la HFEA, cuando despliega sus argumentos a favor de la luz verde concedida para el uso experimental de embriones híbridos como fuente de células madres, donde aparece la segunda palabra inquietante, la <strong><i>quimera</i></strong>, en esta caso <i>humana</i>, definida como “embrión humano que contiene células animales que le han sido añadidas durante la fase inicial de su desarrollo”. Una <i>quimera</i> es, desde el punto de vista biológico, eludiendo su evocación mítica, en el territorio de lo monstruoso, un organismo en el que conviven algunas células que 